Derecha española: entre la crispación y la victimización

La derecha española ejerce una práctica de conflictividad social, buscando captar individuos pasionales a través de la victimización.

El conservadurismo español impulsa como propuesta un contexto de conflictividad y victimización que dista mucho de los actuales procesos de concertación política promovidos por el gobierno de coalición conformado por el PSOE-UP.

Todo ello ante la ausencia de una agenda pública sistematizada que pueda movilizar voluntades por medio de la razón en vez de la emocionalidad y el rencor. Mediante la tesis “nosotros – ellos”, el conservadurismo español plantea polemizar los diferentes escenarios donde se desenvuelve la izquierda rupturista.

Dentro del referido ejercicio de crispación social, la derecha juega una doble estrategia, la cual consiste en atacar fuerte, e incluso sin fundamentos, para posteriormente posicionarse discursivamente como víctima dentro del conflicto. Diversos son los ejemplos que pueden notarse a la luz de esta práctica.

Uno de los temas más recurrentes de victimización de la derecha populista, consiste en el discurso contra la inmigración. Parten del principio estratégico de que estas organizaciones políticas de derecha obtienen mejores resultados, cuanto mayor es el impacto de la inmigración en el conjunto de la sociedad, sobre todo, al resaltar aquellos elementos extranjeros involucrados en “actos delictivos” que atenten contra el principio de “ley y orden”.

En este sentido, la derecha mediante la confrontación discursiva plantea polemizar las ayudas recibidas por migrantes en España, bajo el argumento que los nacionales del país ibérico están siendo discriminados por la legislación vigente.

En función de este contexto, varios políticos del Partido Popular y VOX han asegurado en entrevistas o en actos políticos, que los extranjeros tienen un trato de favor en el acceso a las ayudas sociales. Estas aseveraciones son emitidas sin fundamento, y sin precisar el tipo de ayudas en cuestión, demostrando así falacias argumentativas y grandes contradicciones.

Durante el año 2019, específicamente en el marco de la campaña del 4-M en Madrid, VOX condujo su discurso bajo parámetros xenófobos. El partido liderado por Santiago Abascal publicó un mensaje en sus redes sociales donde señaló directamente a varias personas que reciben ayudas al alquiler de la Comunidad de Madrid, todas ellas extranjeras.

El miedo, instrumentalizado y agitado como un trapo rojo delante de la población, es la forma en la que la derecha espera obtener el suficiente capital político para cumplir sus objetivos. El generalizado estado de miedo y victimización generado por sus discursos es el cemento que busca cohesionar a su militancia.

La cultura de la victimización de la derecha española puede observarse durante la misma dictadura de Franco, cuando la justificación de la rebelión militar ante un pretendido estado de caos social y contra la “amenaza roja”, alimentando constantemente en el temor a un golpe comunista, se convirtió en un elemento de encuadramiento cultural que permitió a la derecha cohesionar voluntades para incitar a la movilización electoral y emprender acciones contra la izquierda.

Esta tarea de ruptura retórica de la normalidad a través de la difusión de un discurso catastrofista y victimizaste, fue la tarea prioritaria de los portavoces de la derecha durante el franquismo y en épocas posteriores a la transición.

España, es uno de los países europeos donde las tendencias derechistas han tenido más problemas para penetrar en la arena política y ocupar puestos parlamentarios. Durante los comienzos de la “democracia”, la evolución de las organizaciones políticas de derecha en España estuvo marcada por el final del franquismo y la transición política.

En este contexto, el conservadurismo español fue incapaz de adaptarse a la nueva dinámica democrática y a un entorno social, cada vez más distanciado de los valores franquistas. De igual forma, al no tener un liderazgo sólido, estas mismas organizaciones se dividieron, dificultando así su protagonismo en contiendas electorales.

Tal situación genera un estado de incertidumbre constante en la población, incitando a las manifestaciones más instintivas y básicas del colectivo social, tales como el miedo, el odio, la venganza, además de una victimización constante acompañado de un simulado sentido de inferioridades, los cuales son aprovechados por la línea discursiva de la derecha.

En este sentido, los partidos populistas y radicales de derecha han sido especialmente hábiles para captar franjas electorales a partir de la recuperación de los valores tradicionales y del valor simbólico del nacionalismo cultural heredado del franquismo, aunado al victimismo discursivo.

El populismo radical con la propaganda del miedo, fabrica realidades paralelas con el fin de justificar la intolerancia y el odio. Otro ejemplo ha sido la decisión de Vox de ir contra la violencia machista.

Los representantes de Vox han llegado a catalogar a las políticas públicas dirigidas a luchar contra la violencia hacia la mujer como “liberticidas”, término empleado con deliberación discursiva.

Al igual que otras organizaciones ultraconservadoras de Europa, las ideas de Vox se sostienen en que España es víctima de una alianza progresista que quiere destruir los valores familiares y las tradiciones cristianas.

Según la derecha, de esta supuesta conspiración progresista se encontraría el feminismo, los colectivos LGTB, los medios de comunicación con tendencia rupturista, todos ellos objetivos en la cruzada moral conservadora.

Mas allá que la derecha proponga una política migratoria más restrictiva, lo verdaderamente alarmante para la sociedad española es que lo haga criminalizando a los inmigrantes con mentiras y fomentando xenofobia, provocando de esta forma ataques de odio.

Dentro de la agenda victimista de la derecha está además la utilización del método del enemigo externo. Durante los últimos años lo han dirigido contra Venezuela, Cuba o cualquier gobierno considerado progresista.

Tal ha sido la paranoia discursiva, que en el mismo parlamento europeo la derecha llamo a “acabar con la dictadura cubana y la venezolana” desde una postura abiertamente pro imperialista, al mismo tiempo que promueve el odio hacia el migrante acusándoles de diversos males.

Dichas prácticas conflictivas, son muestras de una derecha escasamente consecuentes con las auténticas realidades del colectivo social. En este sentido, en España, el fascismo manipula la emocionalidad de aquella ciudadanía carente de un desarrollado sentido crítico o de intelectualidad, necesaria para no caer en agendas que promocionan el odio y la crispación social.