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Distopías: Los Juegos del Hambre y Sucker Punch

Ambas películas muestran sociedades distópicas con sistemas que oprimen y son derrocados por una lucha en común.

En el mundo del cine y el entretenimiento siempre hay esas representaciones que hacen referencia a sociedades muy alejadas de la realidad, quizás porque son demasiado perfectas e ideales o, en su defecto, cuando muestran panoramas oscuros e inquietantes que nos hacen pensar como sería el mundo de ser así. Así presentan las distopías en películas.

Por ello, es necesario conocer el concepto de utopía, que proviene del griego y su etimología significa “no lugar”, o un lugar que no existe, el cual fue acuñado por primera vez en palabras de Tomás Moro para su libro escrito en 1516, titulado de esa misma forma.

Se entiende que la utopía es un espacio o territorio imaginado como perfecto, soñado, deseado o sin problemas, que muchas veces señala a una comunidad que vive en un estado ideal para sus ciudadanos y tienden a verse como sistemas deseables que parecen difíciles de alcanzar o que solo pueden ser disfrutados en la imaginación porque son inviables o van en contra de las características del ser humano. Generalmente una utopía es una representación futurista de una sociedad donde la salud y el bienestar común son favorables, y el sistema político mantiene una completa igualdad, justicia y equidad.

Del mismo modo, se plantearon las distopías, resultando ser su antónimo y un término que se utiliza para describir sociedades que son consecuencia de las tendencias sociales actuales que conllevan a situaciones indeseables y catastróficas. Para muchos autores, el horizonte apocalíptico puede ser visto de esa forma, más aún con la aparición de la pandemia, las amenazas de conflictos, guerras y otros problemas de carácter global.

Ambos escenarios han sido abordados en películas, pero en esta ocasión se verán dos casos particulares, los cuales a pesar de ser un poco viejos, son de los más ilustrativos y tienen un elemento muy importante: poseen una protagonista femenina que se desenvuelve en el contexto más terrible y opresor por un sistema que la minimiza, silencia, sexualiza. O en el caso de, los Juegos del Hambre, lo hace con toda la población de un país.

Estas son dos distopías plasmadas en el género cinematográfico de acción, que conjuntamente con sus matices feministas, fue amada y odiada por la audiencia.

Los Juegos del Hambre

Esta saga traslada al espectador a un futuro desafortunado, ya que muestra una nación dividida en doce distritos empobrecidos que son gobernados por la tiranía de un líder, el cual tiene una cúpula de aliados políticos y empresarios, que haciendo referencia al capitalismo radical, tienen a la población sumergida en una abismal pobreza.

De ahí que, es una distopía política, donde surge la figura heroica de una chica llamada Katniss Everdeen, que se ha cansado de vivir de esa manera y las circunstancias la llevan a lo inevitable, no solo por su supervivencia, sino porque buscaba liberar a su gente del sistema opresor instaurado.

Asimismo, da inicio a un movimiento antisistema que se lleva a cabo y se empieza a gestar grupos rebeldes que tenían como objetivo tomar el Capitolio e impulsar a la fémina como su líder para lograrlo. Por ende, es vista por las personas como un mártir e ídolo de masas con un matiz mesiánico, hace que se relacione como la figura de Simón Bolívar.

Sucker Punch: Mundo Surreal

En el segundo caso, se encuentra esta película que desató una ola de críticas por el impacto que tuvo pero parece que perdieron el sentido del mensaje y la crítica que pretende hacer al visualizar una distopía de ciencia ficción, gótica y punk que protagoniza Babydoll, una joven que es encerrada en un psiquiátrico por su padrastro, quien quiere quedarse con su herencia.

Durante su estancia en ese horrible lugar, lleno de abusos por parte de los cuidadores, en especial de Blue Jones, la joven se familiariza con otras internas y planea su escape. Como escape mental para sobrellevar toda la situación de reclusión, Babydoll imagina dos mundos distintos, uno donde fue llevada a un prostíbulo para vender su virginidad al mejor postor, y otro donde desempeña tareas heroicas dignas de los cómics o los videojuegos.

Se supone que la historia debía ser feminista, pero la audiencia no quedó muy convencida de ello y creo que se le podría atribuir por el contexto en el que fue lanzada la cinta. Tal vez en el presente hubiese sido mejor recibida, porque te ofrece una clara crítica contra la forma en que se promueve la imagen de la mujer en los medios audiovisuales.

En la película, hay un primer mundo, el real, donde Babydoll es acusada de matar a su hermana menor en un ataque de locura. Para encerrarla solo basta la palabra del padrastro quien en la introducción se muestra como un violador en potencia, además de un hombre que desea robar el dinero de su familia.

El segundo mundo es uno imaginario donde Babydoll llega a un prostíbulo, en el que su valor depende únicamente de la «virginidad» que conserva y lo que la hace momentáneamente intocable. En este mundo queda claro como los hombres perciben a estas mujeres y como buscan someterlas explotando su sexualidad.

El último mundo es otro imaginario donde Babydoll se muestra como una mujer más libre y poderosa, porque tiene capacidades para luchar, combatir cuerpo a cuerpo, manejar armas y hasta espadas, pero siempre va vestida como colegiala. Este mundo representa las expectativas idealizadas de la mujer imposible, esa que aún en su libertad sigue sirviendo a las necesidades del hombre que la ve con deseo mientras lucha por su imagen.

Lo cierto es que esta distopía muestra como el abuso sexual y psicológico, los golpes, las amenazas, una posible lobotomía, todo eso es peor que ir contra dragones o zombis en las trincheras contra los que pelean cómodamente y donde ganan fuerza y un poco de paz mental.