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Anime y videojuegos, ¿cuestión de edad e inmadurez?

El anime y los videojuegos han llegado para revolucionar el entretenimiento, así que hay contenido para todo los públicos.

El anime y los videojuegos generalmente se asocian a niños o adolescentes, por lo que también algunas personas tienden a creer que todo este contenido va dirigido hacia ese público, cuando la realidad dista mucho de esa idea. De ahí que, cuando un adulto comparte que consume este tipo de entretenimiento, de una vez lo perciben como inmaduro, tonto o aburrido porque «hay otras formas de divertirse» y tal creencia es bastante absurda, pero… casi nadie explica la razón.

Porque si bien ya se ha hablado de diversos tipos de animes, videojuegos, tramas, personajes y se menciona a la comunidad fanática de los mismos, no se considera que así como existen programas de televisión creados para adultos como Narcos, Euphoria, Only Murders in the Building, entre otros, también hay animes y videojuegos que están dirigidos específicamente para este grupo de la sociedad.

Resulta lógico que un niño no puede ver Shingeki No Kyojin por los elementos visuales que tiene, la densidad de la historia, la violencia y así sucesivamente. Por ende, se busca en el repertorio de series acordes a su edad si prefiere la animación japonesa, la cual puede variar según sea el año de producción.

Muchas opciones, muchos géneros y colores

Por si fuera poco, en ambos modos de entretenimiento se pueden encontrar una diversidad de géneros y clasificaciones similar a las películas, algunas pueden variar según sea el caso, pero me atrevería a reiterar que tanto el anime como los videojuegos cuentan con una amplitud mucho más fuerte. Es decir, que ambos juegan con distintas dimensiones y no se encasillan en una misma tonalidad.

Aquí se puede destacar la categoría de thriller psicológico, que engloba el suspenso, acción e implica batallas físicas, mentales, estratégicas y coquetea con el terror. Entre los animes más populares puedes encontrar: Psycho-Pass, Hunter x Hunter y Steins Gates, mientras que en videojuegos que utilizan otros recursos que afectan mentalmente a los jugadores por sus escenarios abandonados y siniestros, la oscuridad, sombras que asustan y otros eventos inesperados que harían estremecer están: Amnesia: The Dark Descent y Outlast.

Uno de los problemas es que muchas veces las personas etiquetan a los demás por sus gustos y pasatiempos, puesto que para todos las mismas actividades no tienen que ser divertidas. Algunos prefieren ir de fiesta, otros quedarse en casa y disfrutar de un buen anime, o reventar la consola con un juego que te entusiasme, al menos yo pertenezco a este segundo tipo de personas.

En la actualidad, es muy común que la sociedad entienda que ver anime y consumir videojuegos es normal, porque se han ido quitando esos prejuicios sobre si es de raros, asociales o inmaduros, recordando que en alguna época se veía como algo «extraño» a esta comunidad otaku y gamer, que en ocasiones sufría de acoso. Además, de pronto hay sujetos que en el pasado le gustaba Dragon Ball, aunque considero que el público debería estar igualmente seleccionado por el lenguaje y algunas escenas violentas que tiene, pero ahora critica a alguien que ve Naruto o Bleach, haciendo énfasis de que no son series apropiadas para audiencia infantil.

Un problema: supervisión de los padres

En algún punto se volvió rutina que la comunidad de padres rechazaran el anime y los videojuegos por malas conductas manifestadas en los hijos, desde las groserías hasta comportamientos violentos y agresivos, pero he ahí un detalle: dejan la crianza que deberían darle y el aprendizaje de los valores a un lado, porque entre su trajín del día a día, los dejan ver o jugar cualquier cosa que los mantenga distraídos —y también para que no los molesten cuando están ocupados—.

Por supuesto, esto trae severas consecuencias, no solo para los más jóvenes, sino también para el resto de los aficionados que puedan salir perjudicados ante la cancelación de sus series o juegos favoritos, o quizás de un tercero que sea receptor de las acciones negativas de sus hijos, que afectan a más de uno, lo cual se puede asegurar debido a los casos que se viralizaron en internet.