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Golpe de Estado y respuesta popular, caso Venezuela

Durante la formulación e instauración de las políticas de los Estados Unidos en el continente latinoamericano, se han realizado una serie de acciones que han estado destinadas a alejar de la región gobiernos de izquierda.

Durante la formulación e instauración de las políticas de los EE.UU. en el continente latinoamericano; se han realizado una serie de acciones que han estado destinadas a alejar de la región gobiernos de izquierda que sean capaces de construir propuestas duraderas y efectivas.

La construcción en el imaginario norteamericano luego de  la segunda guerra mundial, de ser el gendarme necesario y  contraparte del socialismo soviético, trajo como colofón la ejecución de planes destinados a desterrar ese régimen político de su «patio trasero»: América Latina.

Una de las políticas  más cruentas y eficaces empleada fue la figura del golpe de Estado. A partir de la captación de capas altas y medias de los cuerpos de seguridad y principalmente militares, las armas de la nación escogida se alzaban contra gobernantes en su mayoría electos por votación popular y con programas de gobierno asentados en lo colectivo.

Venezuela

Desde casos como el de Bolivia con sus 36 golpes y su telúrica gobernabilidad, hasta los perpetrados en Chile o Argentina; sirvieron como telón de fondo para hacer las veces de castigos ejemplarizantes ante cualquier posibilidad real de construir gobiernos alternativos que pudieran transgredir los intereses imperiales.

Sin embargo, un país a diferencia de los otros fue considerado por décadas como la vitrina de la democracia, siendo un exportador por excelencia de materias primas y con niveles aceptables de gobernabilidad. Ese país era Venezuela.

Sin embargo, la implantación del modelo tecnocrático durante la década de los noventa y una crisis generalizada de partidos lograría llevar a la presidencia a un hombre, Hugo Chávez, que logró implementar un proyecto histórico distinto, que los aparatos norteamericanos no podían consentir. Aparece nuevamente el golpe de Estado como acicate político.

 

A 20 años del golpe 

Venezuela, 11 de abril de 2002. Las calles de Caracas se llenaron de personas. En el oeste de la ciudad se encontraban frente al Palacio de Miraflores miles de ellas, que con boinas rojas y banderas revolucionarias, acompañaban en vigilia a Hugo Chávez.

En el este de la ciudad, otras miles se agolpaban, siguiendo las voces de las élites que habían gobernado Venezuela desde décadas atrás: Fedecámaras, la cúpula de la CTV, Generales y obispos de la alta jerarquía de la iglesia católica; un elenco acompañado por los medios de comunicación privados preparaban la obra con la que buscarían acabar con la Revolución Bolivariana de manera definitiva.

Al calor de las horas,  la amenaza de golpe de Estado era inminente. Y siguiendo la voz de Carlos Ortega “que este río de gente marche hacia Miraflores”; se prendió la amenaza: “la sociedad civil organizada”, como se autoproclamaba el sector opositor; y el pueblo chavista se encontrarían, dos fuerzas contrarias agitadas por el momento político.

En pocos minutos empezaron a caer en las calles los cuerpos asesinados de ambos lugares. Por todo el recorrido habían sido ubicados francotiradores por parte de los factores golpistas, que con apoyo de EE.UU., habían preparado un formato para hacer creer al mundo, a través de los medios de comunicación privados, que Hugo Chávez había mandado a asesinar al pueblo que marchaba.

La verdad se supo horas después, cuando el 12 de abril en declaraciones a CNN, el General Néstor González afirmó que el 10 de abril, había sido grabado el video en el que de su propia voz afirmaba «van más de 12 muertos en la ciudad de Caracas”. El mismo fue transmitido supuestamente “en vivo” el 11 de abril.

Al momento, el presidente  de Venezuela, Hugo Chávez, había sido detenido. Sin embargo, al pueblo se le dijo a través de la televisión que éste, había renunciado.

La conexión líder-pueblo, blindada al calor de los tiempos, logró que nosotros nos convenciéramos de la verdad: “Chávez no ha renunciado, lo tienen secuestrado”, grito que cubrió todos los rincones y que se confirmó en la nota escrita que recorrió en horas todo el país, y que desde sus manos manifestaba:

“Turiamo 12 de abril de 2002. Al pueblo venezolano y a quien pueda interesar: Yo, Hugo Chávez Frías, no he renunciado al poder legítimo que el pueblo me dió. Para Siempre!!!”.

Venezuela

Mientras las élites del país encerradas en Miraflores, acababan a través de un decreto con todo el poder público nacional en un acto de desprecio por las ideas, la ciudadanía y la democracia participativa y protagónica como propuesta política; las voces del pueblo retumbaban, llenando de terror a quienes pretendieron seguir siendo los amos del valle. La madrugada del 14 de abril se abrió con el retorno de Chávez al palacio del pueblo. Tres días duró la aventura.