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Los Bridgerton: una utopía de diversidad racial e inclusión

La familia Bridgerton ha llegado para robarse los corazones de la audiencia, por eso el tema racial e inclusión ha sido tan icónico.

«Los Bridgerton» es el estreno más visto en los últimos meses de la plataforma de Netflix, rompiendo récords con su renovación en la segunda temporada que continúa siendo de las historias románticas más aclamadas por la audiencia.

Tras un éxito en la primera, regresan con más fuerza y podría decirse que superándose a sí misma con más ahínco. Pero, uno de los aspectos más llamativos de esta adaptación, es el enfoque y tratamiento que se le da a la conciencia de los roles raciales que dictaba el período conocido como la Regencia, una de las etapas más cargadas de prejuicios y restricciones de carácter racial o social la historia.

Sin embargo, no se puede obviar el hecho de que una gran cantidad de espectadores resaltaron que este hecho no puede opacar el racismo y toda la clase de problemas que predominaban en la sociedad de aquella época.

Una utopía donde todos son iguales

Por ello, más allá de los coloridos vestuarios, personajes carismáticos, miradas intensas y diálogos cautivadores, en la producción ejecutada por Shonda Rhimes abundan los nobles negros y hasta una reina afroamericana enclavada en un período donde prácticamente ninguno de ellos hubiera podido ascender a la nobleza por obvias razones históricas.

De ahí que la diversidad del reparto de Los Bridgerton, tiene una gran razón que ha sido ampliamente defendida por los miembros del elenco, fanáticos de la saga de Julia Quinn y también de los televidentes, ya que «obedece a la necesidad representar la multiculturalidad del mundo real«.

Como su objetivo no es ilustrar o enmarcar la lucha racial, la esclavitud y las manchas que había en aquellos tiempos, se centra en una perspectiva mucho más «rosa», donde presenta una utopía donde los dilemas que hay giran alrededor de: romances, chismes, drama y el orgullo de los personajes.

Otra de las cuestiones más señaladas es que puede llegar a ser un poco contradictorio que se represente una situación que realmente no ocurrió en el pasado, ya que la realidad era muy distinta y no se puede tratar de «ablandar o embellecer» el sufrimiento de todas las personas.

Ana Bueriberi, directora de comunicación del antirracista y feminista negro Afroféminas, coincide en aplaudir que los personajes negros de la serie no sean reflejados como víctimas: “Es que hablamos de una serie de ficción, por lo que no le podemos pedir una rigurosidad histórica. Parece que cada vez que hay un protagonista negro hay que contar una historia triste”.

 

Diversidad étnica y cultural 

En esta segunda temporada, centrada en los personajes de Anthony Bridgerton (Jonathan Bailey) y Kate Sharma (Simone Ashley), comienza a posar su foco para introducir a las protagonistas, incluyendo a Edwina, la hermana menor de Kate, quienes son procedentes del Sudeste Asiático en lugar de la campiña inglesa.

Aquí hay un punto muy curioso e interesante, ya que la presencia de las mujeres originarias de la India que pertenecen a los círculos privilegiados sí es precisa con la historia, a diferencia de los de raza negra.

Pues, durante la regencia, muchos funcionarios británicos y militares se desplazaron a India y allí fundaron familias, también con mujeres locales, y engendraron hijos que fueron enviados a Gran Bretaña para su educación.

Es así como se introduce esta descendencia de raza mixta, la cual generalmente era aceptada, ya que sus madres provenían de familias elitistas de las cortes principescas del subcontinente indio, y por tanto su elevado status social en su país de origen, además de su dominio del idioma inglés y de las normas sociales, les abría las puertas a la sociedad británica.

De esta manera, eran recibidas con los brazos abiertos, se les extendía las invitaciones a los bailes y, en fin, el mercado matrimonial a ellas y la carrera funcionarial o militar a ellos.

Es así como la serie de Netflix, Los Bridgerton, demuestra nuevamente que las personas se sienten cómodas en un mundo idealizado donde no existe ese «privilegio blanco» y que el tema racial no forma parte del drama.

Por supuesto, esto desató amores y odios, pero para la escritora Julia Quinn, que defendió la inclusión alegando que “así es como la sociedad debe ser”.