Zozulya o la banalización de los delitos de odio

El pasado 15 de diciembre de 2019, se produce un acontecimiento sin precedentes en la historia del fútbol profesional de este país, por primera vez se suspende un partido por insultos hacia un jugador. El partido se disputó hasta el descanso en el campo del Rayo Vallecano enfrentado a dicho equipo con el Albacete, donde milita el jugador blanco de las iras: Roman Zozulya de nacionalidad ucraniana.

La grada de Bukaneros, la conocida peña antifascista del equipo vallecano gritó durante el partido entre otras cosas “puto nazi” a Zozulya, recordemos que el jugador tuvo que rescindir su contrato con el conjunto de Vallecas ya que la afición reaccionó de forma muy beligerante a la presencia de un fascista declarado en las filas del conjunto franjirrojo, después de esto los compañeros del citado fascista decidieron no salir a jugar la segunda parte, y de común acuerdo con el árbitro y el equipo local se suspendió el partido.

Hasta este punto el resumen de los datos puros y duros. Desde ese momento la prensa escrita, la radio y la Liga hacen una defensa cerrada del jugador que, “muy afectado”, se retiró al vestuario pero con gestos desafiantes. Paradojas que se dan, el relato sobre lo que se puede o no hacer en un campo de fútbol, señala la necesidad de expulsar de los estadios a los que insultan, en este caso las iras recaen sobre Bukaneros y se pide el cierre de la grada, expulsión de aficionados y un largo etcétera.

La Liga, ese organismo mercantil dirigido por Tebas, conocido ultraderechista que en tiempos fue militante de Fuerza Nueva, llegando a ser cargo en dicha formación, en la actualidad más reciente hizo declaraciones en las que decía que en España hacía falta “un Le Pen español”. En estos momentos muestra simpatía hacia VOX, y si nos aventuramos a indagar en su cuenta de Twitter vemos que es seguidor del conocido grupo neofascista de la capital “Hogar Social”. Este señor dirige una entidad en la que si el objetivo de los insultos es un declarado fascista se paran los partidos, pero en otros casos no ocurre nada salvo una sanción económica (de la que seguramente el Rayo sea víctima también).

Los que crecimos en los 90 recordamos los gritos de “puto negro” o “Ku Klux Klan” en el Bernabéu hacia el portero Wilfred, precisamente del Rayo Vallecano, también recordamos cómo las gradas de muchos equipos coreaban “Guti maricón”, se desplegaron pancartas en las que se leía “Shakira es de todos” en un partido contra el FC Barcelona donde milita Piqué, marido de la cantante. Samuel Etoo tuvo que ser retenido por el árbitro debido a que no pudo aguantar más los insultos racistas de parte la grada y ¿cuantos partidos se suspendieron? Ninguno, pero si definen a un fascista, ahí sí se actúa.

Pero, ¿quién es Roman Zozulya? como dijimos antes es un jugador ucraniano del que hay fotografías con numerología nazi.

Los que tuvimos que evitar depende qué zonas para que una bota militar no impactase en nuestro cuerpo, aprendimos algunos códigos. Por ejemplo que el 14 hace referencia a las 14 palabras de David Lane que traducidas son “ debemos asegurar la existencia de nuestro pueblo y un futuro para los niños blancos”. El 88 es sencillo: una sustitución en el alfabeto y vemos que es HH (“Heil Hitler”), y el 18 que siguiendo el mismo proceso es AH “Adolf Hitler”.

Pues bien circula una fotografía del susodicho con toda esa parafernalia, pero esto no acaba aquí, ya que se declaró seguidor y pidió financiación para el Batallón Azov, un grupo paramilitar ultraderechista que combatió en la guerra civil en Ucrania, incluso se le ve portando armas de guerra en algunas imágenes, también en otras fotografías posa con emblemas de grupos ultras como los Dnerp White Boys grupo ultra de ideología neonazi que no oculta simbología nazi.

También posa orgulloso con una bufanda con la efigie de Stepan Bandera, líder de los nacionalistas ucranianos en la segunda guerra mundial y responsable de la muerte de 4000 judíos en Lviv. Además confraterniza en sus redes con Casa Pound, conocido grupo neonazi que sirvió de espejo para la creación de Hogar social. Así cerramos el círculo.

El propio representante del jugador declaró a las pocas horas que Roman Zozulya no era nazi, que se trataba de un patriota ucraniano, cosa que en esencia podríamos decir que es cierta, pero eso no quita que los referentes usados, la deriva ideológica tengan tendencias filofascistas.

>>N.A.Z.I.<<

Pero la charada no acaba, puesto que el propio jugador salió a dar una rueda de prensa en la que decía que no era nazi y daba una suerte de excusas como que no sabía que significaban ciertas cosas que se hicieron virales, como las fotos con el 14/88. Pero si indagamos se demuestra que es un insulto a la inteligencia hacer creer a la gente que estas cuestiones son meras casualidades.

Sin embargo lo más indignante es que después de esto el consejero de deportes y vicepresidente Ignacio Aguado, ante los acontecimientos del día 15 de diciembre, se propone a reunir a las federaciones de fútbol madrileñas para crear un protocolo para evitar este tipo de incidentes de odio en los campos.

No olvidemos que comentarios racistas, xenófobos, homófobos y machistas en los campos se dicen todos los fines de semana y no se hace nada al respecto, pero en este caso los gritos son en sentido contrario. Lo más sangrante de todo es que los delitos de odio nacen con el espíritu de proteger a grupos vulnerables de agresiones e insultos y contar con un agravante.

En este caso ¿cómo es que a alguien que profesa una ideología criminal, racista y xenófoba acaba siendo la víctima de unos delitos que nacen con el espíritu de protección y amparo hacia los colectivos que esa ideología desprecia? ¿Cómo puede ser que la critica y el desprecio hacia posicionamientos ideológicos cercanos al nazismo/fascismo reciban la categoría de delitos de odio? Por extraño que parezca la fiscalía del Estado en su circular 7/2019 dice que el ataque a una persona de ideología nazi o la incitación al odio hacia ese colectivo puede ampararse bajo el 510 del Código Penal.

En todo caso, este 15 de diciembre se vieron las cosas más claras que nunca, en un campo puedes insultar a un jugador negro, tirarle un plátano y hacer sonidos de mono también está permitido, puedes expresar tu homofobia, pero si le dices a un nazi que es un nazi, tienes un grave problema porque te tachan de intolerante, de racista (el colmo), y de cualquier cosa que se les pase por la cabeza.

Te acabas convirtiendo en un salvaje que solo señala con el dedo al fascista y al intolerante al que no se le puede tolerar. Sí, hay que sacar la violencia de los campos pero señalar al nazi no es violencia es justicia, es antifascismo y es democracia, el resto es un silencio atronador y recordemos que el silencio solo hace cómplices.

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