Adiós, Califa Rojo

Julio Anguita (el Califa Rojo) ha fallecido. Fue un militante veterano que destacó por su honestidad y por su histórico liderazgo como Coordinador de Izquierda Unida durante 11 años.

Nos ha dejado el alcalde de Córdoba, uno de los mejores oradores de la izquierda española durante el siglo XX y parte del siglo XXI. Ha dejado en sus memorias enraizadas en su carrera como profesor de instituto y como diputado en el Congreso, unas sabias lecciones de vida.

Mirando siempre a unas ideas de justicia social. Aunque se le acusó de intentar a hacer un juego de pinza contra el PSOE pactando con Aznar, nunca llegó a demostrarse. Su pensamiento se expresó con frases muy potentes para una izquierda que desde la legalidad no estaba siendo capaz de acometer avances ni en sus objetivos ni en su unidad.

Personalmente creo que Anguita era un clásico del post comunismo, alguien que ya no confiaba en el socialismo, sino en los derechos humanos. Este discurso un tanto nini, que comparte plenamente toda la izquierda progre atlantista, fue abanderado por Julio Anguita, probablemente con ello se fueron generando grandes divisiones en las filas del PCE y de la plataforma política Izquierda Unida, entre los que aceptaron como propia la renuncia del socialismo desde la caída de la URSS por el aparato de Yeltsin, y los que lo enfrentaban en el movimiento comunista internacional.

No comparto las bases filosóficas de Anguita, aún a pesar de poseer una grandísima oratoria, un muy bien cimentado discurso político y popular con el que machacaba a la derecha liberal española.

En su papel como coordinador de Izquierda Unida, mantuvo unas posiciones a mi juicio muy incorrectas ante los camaradas del MLNV, los presos políticos del PCE(r) y del GRAPO que, desde su fundación, habían denunciado la transición española.

Anguita obvió los casos de torturas a gudaris vascos y de presos políticos antifascistas. Una figura de la izquierda sí, pero no de las que enfrentaban directamente la legalidad de 1978 que él amparaba como militante del PCE, aceptando la entrada del neoliberalismo en España, aún a pesar las durísimas críticas y reflexiones más que acertadas del exalcalde cordobés.

Sin embargo, su muerte no deja de ser una amarga despedida de un compañero que llevó en su vida diaria una vida sencilla, honesta y humilde. Humildad, es lo que le hace falta a una gran parte de la izquierda y a muchos intelectuales de despacho.

Mis más profundas condolencias a Izquierda Unida y a Esquerra Unida del País Valencià por el fallecimiento de nuestro compañero en estos tiempos tan difíciles. Un saludo a la ciudad de Córdoba por la perdida de su maestro e histórico alcalde comunista.

Hemos perdido la guerra; no una batalla, sino la guerra. ¿Quién ha perdido la guerra? Es evidente: los que venimos de las cinco Internacionales que ha habido. Hemos perdido la guerra. Todo aquello que soñamos sobre una sociedad sin clases, la participación, la democracia… se lo ha llevado el viento de la globalización. Julio Anguita.

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