Antes del sueño Americano. El Programa Bracero en México-Estados Unidos (1942-1964)

El Programa Bracero fue uno de los proyectos por los cuales se trataba de impulsar a los campesinos a irse a trabajar a Estados Unidos. A finales de Mayo de 1942 la Casa Blanca había elaborado este proyecto para la importación de braceros mexicanos, el 23 de julio de ese año el Presidente Manuel Ávila Camacho aprobó el Programa Braseros, que en realidad fue la legitimación de la necesidad de mano de obra barata, abundante y desechable por parte de Estados Unidos.

Hasta entonces la mano de obra había sido efectuada por chinos. Sin embargo, con la participación de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial también hizo que este sector necesitara más manos.

En palabras de Antonio Santiago, quien en su tesis de Maestría, “La contratación de braceros en la ciudad de Oaxaca en 1944” señala que “a partir de 1942, la migración mexicana cambió su forma de proceder, ya que con la participación de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, el gobierno norteamericano buscó un acuerdo migratorio con México para que los mexicanos fueran a ese país a trabajar de manera legal y temporal; el acuerdo migratorio se concretó después de algunas pláticas, este acuerdo se le conoció como Programa Bracero, inició en 1942 y finalizó en 1964.”

Manuel Ávila Camacho buscaba en su gobierno una conciliación nacional, ya que el gobierno bajo el anterior presidente Cárdenas fue bastante criticado por varios países entre ellos Estados Unidos por su política de inmigración selectiva.

En ella, mediante la Circular Confidencial 157, se hacía explícita la discriminación de los judíos, cuando México sabía perfectamente el contexto de lo que estaba sucediendo en Alemania. Sin embargo Ávila Camacho durante su mandato pretendía redefinir las relaciones del país con Estados Unidos, y adecuar la nueva coyuntura internacional producida por la guerra.

Sin embargo, como bien se apunta en la lectura “México, país de refugio“, todo esto también sería sólo un discurso, pues lo que siguió fue todo lo contrario. Por otro lado cuando se abrieron las oficinas de contratación la Ciudad de México se desbordó con el flujo de candidatos para entrar al programa bracero, los trámites eran lentos y muchos no pudieron ser contratados debido a la burocracia excesiva, mientras que otros tenían que sobrevivir en la ciudad varios meses en espera de sus documentos.

En la política mexicana, campesinos e indígenas son los sectores más desprotegidos y menos atendidos, siendo usados como estrategia para consolidar el poder de varias clases acomodadas en la política.

Por otro lado la crisis en México, y sobretodo en pueblos que se dedicaban a un sector de monocultivo, también se vieron afectados optando por voltear a ver el Programa Bracero como una oportunidad de generar nuevos ingresos y una vida mejor. Citando a D’Aubeterre, María Eugenia “la sierra norte de Puebla, resulta sugerente en más de un sentido: comparten su territorio pueblos mestizos, nahuas y otomíes; allí, al igual que en otras zonas cafetaleras de la sierra, la crisis de un sistema de monocultivo para la exportación es, en efecto, el detonante de la migración a Estados Unidos”.

Es necesario apuntar que cuando se habla del Programa Bracero, también hay un llamado directo a hombres y no a mujeres para que ocupen estos espacios, pues se debe entender que trabajos de este tipo siempre fueron señalados sólo para hombres. Sin embargo el papel de la mujer fue llevado sólo al plano de lo doméstico, es decir produciendo una feminización del trabajo.

Esto en los siguientes años también provocaría la migración de mujeres, pues es importante señalar que la migración de hombres por parte de este programa fue bastante, y el hecho de que dejaran unidades domésticas también generó que las mujeres no pudieran sostener el hogar, y por ende también considerasen la migración.

La imagen del migrante ha sido vista desde lo romántico, lo que supone caer en discursos muy peligrosos y bastante contemporáneos, pues romantizar el abuso tanto de políticas mexicanas exteriores e interiores, así como las de Estados Unidos ha sido un mal que ha aquejado a México durante mucho tiempo.

La razón por la que se debe analizar críticamente este tipo de discursos romancistas es precisamente porque se ha hecho un discurso de la imagen anteponiendo la dura realidad: ¿qué tiene de romántico cruzar el Río Bravo sabiendo que la vida depende de ello?

Cuando se sabe que muchos migrantes no sabían nadar y murieron en el intento, acostumbrarse a una realidad que justifica la brutalidad y lo dura que puede ser, llegando a romantizar algo muy delicado sobre todo si la ocupamos como un velo protector ante lo incomoda que puede llegar a ser, supone impedir el avance social.

La migración a los Estados Unidos no es nueva, y se dio en múltiples ocasiones, pues los conflictos con Estados Unidos han hecho que los diversos migrantes se desplazasen hacia este territorio tanto antes de haber sido perdido por México, como después, y esto se observa directamente con el Programa Bracero. Sin embargo aunque duró algunos años no logró consolidarse como una oportunidad de crecimiento laboral legal después de su término.

Ahora bien, una vez que se esta en Estados Unidos, los llamados braceros comienzan a generar dinero siendo enviado a sus regiones. Estas remesas consiguen un crecimiento bastante importante dentro de varias regiones, y es evidente que más poblados contemplaban la posibilidad de irse a Estados Unidos aunque el Programa hubiera concluido, lo cual genera la vía que hasta hoy en día conocemos como ilegal que ha provocado muchas muertes, además de una brutalidad descomunal por parte de las autoridades estadounidenses hacia los migrantes, sin mencionar el racismo por parte de amplias secciones de su sociedad.

Por otro lado es necesario entender que México ha sido un país que miró con desdeño a su población indígena porque para la política y lo que significaba la idea de un Estado-Nación moderno, los indígenas sólo eran un signo de retraso para el propio país.

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