Emiliano Zapata (I): sus inicios en la lucha agraria del siglo XX

Hace pocos días se conmemoró el natalicio de una figura importante para México y de la cual también se desprende una importante fama a nivel internacional, se trata de Emiliano Zapata. Muchos lo conocemos por su lucha agrarista en México, la primera revolución del siglo XX. Nació el 7 agosto de 1879 en Anenecuilco Morelos (México), este era mestizo pues llevaba sangre indígena por líneas paterna y criolla por línea materna.

El contexto en el que se encontraba Morelos, el cual no era ajeno a toda la República Mexicana, era de haciendas apoderadas de las tierras de los pueblos. La producción de caña era la principal actividad económica del Estado donde Pablo Moctezuma cita “el niño Emiliano nació y creció bajó aquel estado de opresión creado por el hacendado de Cuaxuixtla. Sun infancia transcurrió a la vera de aquellos labriegos que se quedaban sin tierra y sin agua y nada podían hacer”.

Quienes conocieron a Zapata lo describen como “una buena persona, amable y sincera, un hombre delgado, de ojo grande”, otras dicen “de ojos azules, moreno aceitunado y vestido de charro”. El comienzo de su lucha influenciada por el ejemplo de sus abuelos y tíos, los cuales participaron en las luchas históricas de la República Mexicana, estos le habían transmitido la conciencia de la lucha por las tierras.

Zapata era consciente durante su adolescencia de las injusticias sociales y del autoritarismo político. Dicha realidad hizo que los dueños de las haciendas se apoderaran de las tierras, y por ende, dificultaba la vida de los campesinos, quienes no tenían dónde llevar a pastar las cabezas de ganado con que trabajaban y a su vez se mantenían.

Zapata a menudo intervenía en los asuntos de las comunidades y las haciendas. No sólo apoyó las demandas de Anenecuilco y los vecinos de Yautepec, los cuales mandaron una comisión para encontrarse con el entonces presidente de México Porfirio Diaz en la que también acudió Zapata. Dicha comisión estuvo encabezada por Jovito Serralde, sin embargo, la vía legal no funciono en absoluto pues sus demandas fueron ignoradas.

A la lista se seguirán sumando varios agravios cometidos por parte de las autoridades que quitaban tanto ganado como el agua para su abastecimiento. El 12 de diciembre de 1909 se reunió el pueblo de Anenecuilco para elegir al presidente de la lucha de defensa, quien se haría cargo de sus asuntos donde evidentemente Emiliano Zapata fue electo.

Lo que se avecinaba era una Revolución, por cual los movimientos de la junta actuarían con bastante sigilo, de modo que no se dieran cuenta los dueños de las haciendas. En este contexto, Zapata pudo conocer el contraste existente entre el enriquecimiento de los hacendados en comparación lo poco que percibían los campesinos.

La influencia que tuvo a nivel nacional el programa del partido liberal mexicano de 1906 y la actividad de Ricardo Flores Magón y su “Periódico de Regeneración” sirvieron para subir los ánimos en ese momento.

En referencia a la dictadura de Porfirio Diaz, Pablo Moctezuma apunta en su obra lo siguiente: “no sólo había proporcionado el despojo de los campesinos y reprimido a sus líderes, también había golpeado sistemáticamente cualquier intento de organización de los trabajadores, aun bajo formas de cooperativas, organizaciones de ayuda mutua o de carácter cultural”.

Asimismo, el referido autor también señala que “el derecho de huelga o de asociación no existía en aquella época. A juicio del liberalismo, que era la ideología oficial, estos recursos impedían la libertad del trabajo y el libre desarrollo de la empresa. Sin embargo, los obreros siempre fueron buscando nuevas formas de organización de presión y de acción”.

Las huelgas ferrocarrileras, la de Cananea y la de Río Blanco, y la forma tan brutal en que fueron reprimidas, aunado a la lucha de clases, fue la chispa que desencadenaría la Revolución.

 

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