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La opinión en elDiario (II): la izquierda que se ducha, pero no se moja

Segunda y última parte de un contenido crítico sobre el enfoque editorial de la sección de opinión del medio de comunicación elDiario. Durante la primera entrega se sentaron las bases argumentales que deben ser leídas para entender el texto que se reproduce a continuación. Para ello haga click aquí.

 

Las columnitas de elDiario se han convertido en los textos de cabecera de un grupo de personas “cercanas” a los ideales izquierdistas, pero que van de molones. Como diría mi colega Gonzalo, representan a la izquierda que se ducha (o eso es lo que se creen).

Hablan de progresismo y de evolución, critican a la derecha y a la monarquía, pero, a la hora de verdad, no se mojan. No se atreven a afilarse la lengua y atacar las cosas con la mayor sangre fría del mundo.

Prefieren quedarse en su palco de pijos progres y escribir un par de miles de palabras sobre lo coherentes y estudiosos que son ellos y lo poco coherentes y estudiosos que son los demás, pero sin enfadar mucho a los otros. Joder, es que tienen a muchos lectores del PSOE.

En resumen, que su sección de opinión es un lugar completamente aséptico donde podemos disfrutar de columnas superficiales y en las que nadie se moja demasiado. Trabajos de opinión sobre temas muy generalistas y trillados y donde ninguna de sus firmas le pega una vuelta de tuerca a ninguna de las cosas que el anterior plumilla de turno ha escrito antes.

Pero bueno, todo esto podemos dejarlo pasar. Podemos pensar que la próxima vez nos saltaremos la sección de opinión del medio de Escolar y ya está, que tampoco es un puñetero dramón. Pero no.

El problema es que esta forma de hacer opinión, este método tan aséptico y equidistante, se ha extendido por el periodismo digital como si de una plaga se tratara. Ya no lo realizan tan sólo desde la corte de Escolar (ojalá), sino que un ejército de minúsculas revistas digitales ha aparecido por toda la red con la única intención de imitar lo que desde elDiario hacen.

La mayoría de ellas son revistas o periódicos fundados por universitarios pijos que, ante la facilidad de sacarse un grado en Periodismo, deciden invertir parte de su tiempo en un proyecto extra. Y qué hay mejor que montar una revista si estás estudiando para ser periodista de mayor, ¿verdad?

A estos chavales que tanto disfrutan de sacarse fotos en sepia posando con camisas blancas y copas de cerveza en las terrazas de los bares más hípsters de la ciudad, les encanta jugar a ser escritores intelectuales, por lo que publican columnitas banales en sus infumables revistas digitales. Columnas que, evidentemente, no superan las 800 palabras de extensión y que tienen la misma profundidad que el charco que se forma en mi terraza.

Trillan y trillan los mismos temas que los opinadores de elDiario ya han trillado antes, pues son de rabiosa actualidad y eso los hace fácilmente digeribles, y en vez de darles el giro mágico que te esperas de un universitario con una visión joven y diferente de las cosas, usan las mismas tesis patéticas y equidistantes de los opinadores a los que tanto idolatran. Pero mal redactadas, claro.

No buscan originalidad. No buscan nuevas perspectivas. Ni siquiera buscan la reyerta (porque hay que ser moderados, o sea). Por mucho que digan que sí, no ponen el foco donde nadie lo hace. Apuntan la mirilla al mismo sitio donde otros cazadores mucho más inteligentes que ellos ya han disparado antes matando a cualquier presa que se moviera.

Es una auténtica pena que el arte de la columna de opinión haya entrado en esta grave crisis, pues como antes comentaba, están echando a perder su acidez y su barbarie, las dos grandes características que la salvaban del abismo.

Pero supongo que seguirá así mientras que no le dejemos de comer el culo a Ignacio Escolar. Que, por cierto, imagino que lo tendrá bien limpito y aseado, porque como lo tenga infectado, las nuevas generaciones de columnistas van a caer como moscas.

Honremos un poco la memoria de Hemingway y afilemos la navaja.

 

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