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De las ITS al aborto: la condena es ser mujer

¿A quién se le ocurre penalizar a quienes contraen una Infección de Transmisión Sexual (ITS)? A nadie. Hay un consenso global en considerar tal hecho una locura. Algo fuera de lugar. Incluso, mientras más riesgosa sea para la salud una Infección de Transmisión Sexual, mayor atención y resguardo se demanda del Estado.

¿En qué se diferencia una ITS de un embarazo no deseado? En que los embarazos no deseados los cargamos las mujeres exclusivamente. Y las ITS las puede padecer todo ser humano. Pero la forma de contraerlos es igual: deficiente educación sexual, fallas en los métodos de protección, actos de violencia sexual.

Las ITS más graves requieren atención durante toda una vida. El aborto es un hecho puntual y sin mayores costos sociales. Pero legalizar el aborto implica darnos a las mujeres la potestad de decidir sobre nuestros cuerpos y liberarnos de la maternidad obligatoria.

Y esta es la verdadera diferencia respecto a las ITS. Al poder patriarcal no le interesa la autonomía de las mujeres sobre nuestros cuerpos. Por ello impone una campaña de criminalización y condena social. La verdad es que sobre el aborto sólo hay dos posiciones políticas posibles:

La primera, superarlo. Para ello se hace necesario generar políticas estatales para atender esta realidad:

  • Impartir una educación sexual profunda, adecuada a cada nivel formativo, y libre de tabúes y de prejuicios.
  • Brindar acceso gratuito y masivo a métodos de protección y anticonceptivos de calidad.
  • Garantizar la aplicación de abortos seguros y gratuitos para evitar las muertes de mujeres por prácticas abortivas precarias.

La segunda, ocultarlo: Negar la práctica cotidiana de abortos clandestinos, esconder las numerosas mujeres muertas o lesionadas gravemente a partir de formas abortivas precarias.

Y cuando ocultarlo no es suficiente, entonces la postura es condenarlo. Como si la condena borrara la realidad. Pero las prácticas abortivas siguen allí, aunque no lo digan. Entonces, de la misma manera que nadie quiere una ITS, tampoco quiere nadie un embarazo no deseado. Ninguna mujer anhela abortar.

Casi siempre, estas situaciones ocurren debido a la carencia de políticas de prevención y a la violencia sexual. Ambos sucesos son de responsabilidad estatal de forma directa o indirecta. Si el Estado es responsable, que se haga cargo el Estado.

¡Ni una muerta más por abortos clandestinos!

¡Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal, seguro y gratuito para no morir!

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