Solidaridad: el nacimiento de un sindicato patrocinado por la ultraderecha (II)

En el anterior artículo analizábamos las medidas y políticas, tanto económicas como laborales, que el sindicato Solidaridad promovía. No es un sindicato que busque un dominio y una lucha en las empresas. Sino una herramienta de perturbación social y un altavoz para mandar el mismo mensaje desde otra plataforma, esta vez la sindical.

La base obrera de la ultraderecha

El sindicato que fue patrocinado por Francesco Paolo Capone, secretario general de la UGL italiana (Unione Generale del Lavoro), que a su vez se considera el sindicato heredero de la CISNAL (organización sindical de la formación política neofascista MSI), no es el primer intento de querer acaparar el voto obrero a formaciones fascistas.

Desde siempre, la ultraderecha ha intentado tener una base obrera. Tampoco es la primera vez que un partido político intenta capitalizar la lucha obrera. Durante años lo hizo el PSOE, desde Felipe González hasta José Luis Rodríguez Zapatero, todos ellos se dieron baños de multitudes y se “aliaron” a los intereses obreros.

Vox busca agrandar su base electoral atrayendo a los estratos más bajos, la clase obrera. Al mismo tiempo, defiende los intereses de las rentas más altas en las instituciones que gobierna. El sindicato pretende mostrar un perfil de obreros de base, sin gran cualificación y sin patrocinadores políticos.

Quizá por eso, el portavoz del Comité de Acción Política del partido, Jorge Buxadé, ha querido desvincular el sindicato de la formación afirmando que “no es un sindicato de Vox”, pero que su formación lo apoyará.

Ejemplos europeos

Ver a la ultraderecha poniendo en marcha diversas estrategias para crear su colchón de voto obrero, no es algo nuevo. El partido político de Marine Le Pen, buscó los votos en las antiguas zonas comunistas. Practicaron el entrismo, se infiltraron y giraron el sindicato hacia los postulados lepenistas, tuvieron éxito.

También en Francia, intentaron hacerse con el movimiento de los Chalecos Amarillos, la Agrupación Nacional y la izquierda de Melechón. En 2012 se celebraron las elecciones presidenciales de Francia. El Frente Nacional, liderado por Marine Le Pen, consiguió un 30,9% del sufragio obrero en la primera vuelta.

Afiliación obrera a la ultraderecha: causas y contexto

Para explicar esta afiliación obrera a la ultraderecha, los diversos politólogos marcan tres causas principales. Por un lado, la naturaleza económica, insisten en que la inmigración condiciona y repercute en el mercado laboral. Lo que crea el temor que esto suponga una bajada salarial, impugnan que se favorezcan de las ayudas económicas del Estado del Bienestar.

Por otro lado, las causas culturales. Ven la inmigración como una amenaza a la cultura e identidad del país. Defienden una sociedad cerrada y rechazan el multiculturalismo. La tercera causa se trataría de la alineación social y el debilitamiento de las lealtades políticas tradicionales. Están insatisfechos con el funcionamiento de la democracia, no se sienten parte de los sindicatos, ni de los entes sociales.

A estas razones hay que sumarles el contexto, ya que sería un error limitar esa realidad a tres causas. Hay que tener en cuenta los cambios habidos en las últimas décadas. El grupo que conforma los votantes obreros actuales no son el mismo que antaño.

Tampoco lo es la sociedad, mucho menos la forma de hacer política ni de ejercer el sindicalismo. Igualmente, no lo son las formaciones socialistas ni comunistas. Este contexto sería la clave para explicar la razón de adherirse a la ultraderecha.

Los partidos de ultraderecha progresan electoralmente con los votos de aquellas personas que sienten, sea así o no, que su status está en peligro. Desde los años noventa, el electorado obrero se ha convertido en un núcleo duro de la cartera de clientes de los partidos de ultraderecha en Europa.

Desmovilización política y social

En los últimos años se comprueba cómo esos estratos sociales más precarios, cada vez están más desmovilizados (políticamente). Ejemplo de ello es Andalucía, donde parte de ese grupo social dio un gran apoyo, mediante votos, a la extrema derecha.

La desmovilización social se explicaría, en parte, con la manera de actuar de partidos y sindicatos, quienes en su mayoría dejaron los barrios y los centros de trabajo por los despachos. Aunque hayan incluido esto en su discurso, los hechos no lo avalan.

También ocurre que los valores del votante de izquierda, no siempre coinciden con los que se reclaman desde su partido y a su vez, influye en gran medida que formaciones políticas de izquierda hayan moderado su discurso para que entre en los parámetros de lo establecido como políticamente correcto.

Podríamos así afirmar que las bases en las que se centra ese giro de la clase obrera a la ultraderecha, son la “desobrerización” del discurso de la izquierda, sea esta política o sindical; el cambio del liberalismo económico por la política económica que protege la producción y elvcomercio nacional; y la transformación generacional del mundo obrero.

La capacidad de movilizar el rencor

La mutación de la economía crea incertidumbre entre trabajadores industriales de media y baja cualificación. Este grupo social busca protección y la ultraderecha promete cerrar fronteras, proteccionismo industrial y comercial. Y aquí es donde se encuentra el verdadero peligro, su capacidad de movilizar el rencor hacia ciertos grupos, convirtiéndose en un fenómeno de masas.

La verdadera cuestión debería ser analizar hasta qué punto la clase trabajadora, está cada vez más alejada de las ideas de izquierda. El discurso intelectualmente elaborado es la razón.

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