Mentiras por “el bien común”

Los años 60, años convulsos. Una etapa de cambios en Estados Unidos (EE.UU.), mentiras y secretos. The New York Times y The Washington Post se hacen con unos archivos secretos de la CIA. La posterior película de Steven Spielberg, “The Post”, muestra la repercusión que tuvo su contenido: Secretos de Estado que hacían pública la expansión militar de EE.UU. y las acciones militares llevadas a cabo en la guerra con Vietnam.

¿El resultado? La caída de uno de los presidentes más fuertes de la historia del país, Richard Nixon. Corría el año 1971 cuando el New York Times lanzó la primera remesa. Las presiones del Gobierno pudieron con el periódico neoyorkino, pero no con el Washington Post, quien siguió publicando la información pese a la posibilidad de que sus editores fueran a prisión.

Sí, nuestros políticos y gobernantes nos mienten constantemente, argumentado que es por “nuestro bien”. Pero no sólo lo hacen a través de sus discursos, sino también a través de los medios, pues aquí cada uno defiende aquello en lo que cree.

Sin embargo, ¿hasta qué punto un medio puede ser cómplice de esas falacias? Este es un sistema que, más tarde o más temprano, termina volviéndose en contra. Primero te restringen ciertas formas, pero más tarde te vetan el contenido.

Y detrás de ello existe un trasfondo social, pues la prensa libre supone una de las más puras libertades de expresión, y por tanto hace libre al ciudadano. ¿Qué ocurre cuando los medios mienten, o cuándo le fuerzan a mentir? La respuesta es sencilla: no hay cabida para la transparencia, los derechos y las libertades. Se pierde totalmente el respeto a la opinión pública.

Y esto es algo que, tristemente, podemos trasladar a nuestra realidad actual. La mayoría de ellos ya no se preocupan por informar. Están demasiados ocupados creando historias que perjudiquen al partido político que no representa sus intereses, atacando incluso a personas concretas.

Supuestos casos de fraude, corrupción, malversación de fondos públicos, etc. La mayoría son ciertos, y se demuestran. Pero, ¿cuánto tiempo llevaban al tanto los responsables de ese medio? Y, ¿por qué esperar a ese instante concreto?

Cierto es que hay atisbos de esperanza entre algunos medios que, en ocasiones, destinan sus publicaciones a ejercer presión a estos gobernantes en vez de fijar una opinión pública. También es de reconocer que la ley contempla unos derechos y libertades que no eran los mismos que existían por aquel entonces, pero esto es solo la teoría.

El periodismo necesita de una inyección de veracidad y libertad urgente. No podemos olvidar que somos nosotros mismos los encargados de mantener a flote esos derechos que tanto esfuerzo ha costado conseguir.

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