MasterChef Ecuador: otro reality más

MasterChef es un reality show internacional, cuya adaptación en Ecuador vio la luz en 2019 por Teleamazonas. La segunda temporada se estrenó en noviembre de 2020. Su conductora es la actriz, modelo y presentadora Erika Vélez, y los jueces son los chefs Carolina Sánchez, Irene González y Jorge Rausch. En el programa concursan 21 cocineros aficionados.

El formato está diseñado de varios retos individuales y también de equipo. Los retos individuales generalmente se enmarcan en tres modalidades que se repiten a lo largo de la temporada: la caja misteriosa, reto creativo e imitación de un plato. No obstante, suelen tener otras variantes de vez en cuando. Hay retos de eliminación y de salvación, además del segmento “tiempo extra”, destinado para los participantes eliminados.

MasterChef busca al mejor cocinero aficionado del país. Esto ha sido repetido una y otra vez por el jurado. Sin embargo, el formato en la práctica dista mucho de eso. En el capítulo 31, por ejemplo, eliminaron a un participante que considero estaba entre los mejores cocineros y por encima de algunos bastante deficientes, pero que por haber cocinado el peor tamal en el reto, salió del programa.

O sea, que se va no el peor de la competencia hasta ese momento, sino el que cocina peor el último plato. Entonces no es cierto que buscan al mejor cocinero. Hubiera sido mejor que el proceso de eliminación de los cocineros sea por acumulación de puntos y no por el resultado del último plato. Sin duda este es la mayor debilidad del concurso.

Cómo no podía faltar en un reality show, apelar a las emociones del espectador es el recurso más utilizado. Lágrimas y lágrimas e historias conmovedoras de los participantes relacionadas a su pasión por cocinar. Las abuelas y madres son las protagonistas invisibles, ya que son las mentoras y la inspiración por la cocina de casi todos los cocineros.

Pero las lágrimas no solo vienen de sus historias, sino también de la frustración y la presión a la que están sometidos en cada reto. Poco tiempo para cocinar platos que pareciera que requieren de más, presentar platos que nunca en la vida habían visto, ingredientes poco comunes para ellos, además de que el acompañamiento de los jueces  pareciese que los estresara más que orientarles.

En la versión norteamericana de MasterChef infantil hay un mayor direccionamiento, inclusive un modelado de parte de los jueces. Y es muy lógico eso. Lo que no es lógico es que niños de entre 8 y 11 años estén en una cocina. Me parece totalmente fuera de lugar. Sin embargo, mi lógica difiere con aquella producción que ve en ellos talento$ y prodigio$.

Aunque el conflicto en las relaciones humanas es común, MasterChef no duda en emplearlo. Es un recurso, por obviedad, propio de los realities. Meter cizaña para generar microconflictos y polémicas entre los concursantes no está ausente en este programa. Y desde luego, algunos personajes de por sí encajan para que este recurso pueda desarrollarse “sutilmente”. En la anterior temporada eran Devora y Loren. En esta temporada Elizabeth, Wendy y José, entre otros.

Los productores saben perfectamente que la polémica vende y cala en muchos televidentes que se decantan por los dramas novelescos. Y los presentadores y jueces de Master Chef lo hacen tan indisimuladamente que a veces hasta los mismos cocineros se dan cuenta y prefieren no caer en ello. “Aquí vinimos a cocinar, no a una novela”, dijo uno de ellos.

Es muy interesante para lo que estudiamos al ser humano saber que los concursantes apasionados por la cocina tengan profesiones relacionadas con la creatividad. En Master Chef Ecuador usted podrá encontrar ilustradores, pintores, escritores, diseñadores,  psicólogos, maquilladores. Un detalle a tener en cuenta, dado que la cocina implica mucha creatividad. En otras adaptaciones extranjeras hay cantantes, cineastas, especialistas en marketing, etc.

Los tres jueces me parecen bastante profesionales. Asumo que ellos siguen las reglas de la producción y no tienen control de muchas cosas. Ese silencio que a veces muestran luego de probar cierto plato supongo que está dentro del formato. Lo que sí es extraño es la ausencia no justificada de varios episodios de Irene González y un episodio de Jorge Rausch. En general, los tres son excelentes.

Master Chef se desarrolla en plena pandemia. Y en esto el programa deja mucho que desear. En los retos de campo, por ejemplo, ni los comensales ni los concursantes tenían una mascarilla. ¿Permitir el contacto con los comensales no es exponer al grupo (que, ciertamente, por el programa no tiene mucho contacto con el mundo externo)? ¿Y si alguno de los comensales estaba contagiado? ¿Y si se hubiera contagiado un cocinero? No todos los participantes son jóvenes.

Al menos en Master Chef Ecuador no ha sucedido lo del lametazo de un concursante a un juez, hecho ocurrido en la versión española MasterChef Celebrity. Acá solo hay choque de puños, abrazos entre cocineros, contacto con comensales y nada más. ¡Nada peligroso!

En la adaptación argentina, uno de los participantes dio positivo y el programa estuvo suspendido unos días. Se hicieron pruebas a algunos participantes y al jurado. Acá en Ecuador se desconoce si cada cierto tiempo se les realiza pruebas a los concursantes. Esperemos que sí, ya que pareciera que no hubiera pandemia en el mundo paralelo de MasterChef. En las redes sociales, se ha criticado mucho la carencia de medidas de bioseguridad en casi todas las versiones que se vienen desarrollando en plena pandemia. Es increíble pero cierto.

Otro detalle no menos importante es el hecho de que ninguno de los cocineros utiliza una malla para la cabeza, obvio el gorro de chef no lo podrían utilizar. Pero ni siquiera las mujeres con cabello largo lo emplean, ni qué decir del cocinero que tiene barba de Santa Claus. ¿No es acaso un detalle higiénico importante a la hora de cocinar? En casi todos los episodios vemos a los participantes cocinar con manillas puestas, inclusive los mismos chefs cuando tuvieron que deshuesar un pollo y un conejo tenían puesto relojes y pulseras y el cabello largo sin recoger.

MasterChef es un programa entretenido, identificarse con los concursantes no es difícil. El formato de eliminación muy criticable. Apreciar los cambios de posición (manos en la cintura, acomodándose el cabello) y las muecas de Erika Vélez por probar los platos que solo el jurado puede hacerlo es bastante gracioso.

La fotografía es muy buena. Los retos de campo nos han permitido apreciar mucho los hermosos paisajes de nuestro país. Las tomas que se hacen de los platos al momento de la presentación de los concursantes son espectaculares. La escenografía es la misma en todas las versiones, buena en general.

Alguna vez un documental mencionaba que los realities shows y los demás programas de entretenimiento de la tv solo sirven para distraernos de los verdaderos problemas de la sociedad, para de esta forma neutralizar nuestra reacción y acción, además de jugar con los sueños y metas de los participantes, enajenándolos hacia lo frívolo.

MasterChef es otro reality más, entretenido sí, pero más de lo mismo.

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