La Revolución Ciudadana, entre la propuesta y los retos de país

La Revolución Ciudadana apuesta por un modelo más enraizado en la iniciativa pública y el impulso de la economía mediante la apuesta por sus recursos naturales.

La izquierda ecuatoriana está inmersa en un proceso extraño. La irrupción de la figura de Lenín Moreno distorsionó el proyecto político de la Revolución Ciudadana.

El país se ha visto inmerso en un panorama de protestas, violencia, corrupción y negación del rival hasta extremos muy preocupantes que coincidió con la llegada de Lenín Moreno al poder.

Las próximas elecciones presidenciales, no serán quizás una encrucijada, más bien serán una reafirmación de dos modelos diversos en las formas y en el fondo: el pragmatismo de corte neoliberal de Lenín Moreno, y un modelo más enraizado en la iniciativa pública y el impulso de la economía mediante la apuesta por sus recursos naturales, de los descendientes del proyecto Revolución Ciudadana de Rafael Correa.

Vale la pena conocer algunos de los puntos más importantes que debe proyectar esta izquierda emergente para el impulso del país, tan sacudido por la pandemia y por una preocupante deuda pública, que con Moreno se ha visto aún más comprometida con sus acuerdos con instancias internacionales como el FMI, o el mismo gobierno chino.

Las propuestas del programa electoral de la Revolución Ciudadana que encabeza Andrés Arauz, habla explícitamente de su apuesta por la despetrolarización de la economía ecuatoriana en favor de la promoción de una economía exportadora con valor tecnológico, como sectores de la informática y las comunicaciones.

Este documento también pone de relieve la necesidad de una auditoría de la deuda externa e interna, sin nombrar la posibilidad de cancelación de los préstamos con el FMI y el Banco Mundial, una vieja reivindicación que parece disiparse seguramente dado a la situación creada con el gobierno Moreno.

Se sigue apostando por una fuerte inversión pública para la reactivación económica y la lucha contra las desigualdades, como también se apuesta por una subida de los tipos impositivos a las rentas más altas. Son todas medidas de unos principios indiscutibles, pero no cuentan con una cierta concreción.

Ecuador deberá afrontar en un momento u otro su cambio de modelo energético. La dependencia de la producción de petróleo ha provocado una cierta riqueza para el país -recordemos que en Ecuador hasta la llegada de la COVID-19 mantenía la tasa de paro EN un 6% de la población activa-, aunque la economía sumergida sigue siendo un sostén fundamental para la mayoría de familias ecuatorianas humildes.

Las deficiencias estructurales del sector petrolero, en especial la transmisión tecnológica y el transporte, acompañado de una larga crisis de los precios del crudo -el precio actual del barril de crudo es de unos 44,99 USD muy lejanos de los precios de 2010 (77,38 USD) o 2012 (109,45USD)-, Dejan al descubierto una economía débil, aunque con grandes potenciales en el aprovechamiento de energías verdes, que cabe decir no ha sido para nada una prioridad de la agenda política del presidente Lenín Moreno.

Y otro gran potencial mercado de inversiones y de infraestructuras sólidas y modernas históricas, como es el sector agrario, se puede ver beneficiado según las propuestas de la Revolución Ciudadana: “en sector históricamente relegado es el campo; hay que impulsar especialmente a la agricultura familiar y campesina. Para ello es imprescindible crear institucionalidad para la soberanía alimentaria, desarrollar una institucionalidad propia para la acuacultura y pesca, establecer una política nacional de comercialización, distribución y almacenamiento”.

Para un país tan diverso, con infinidad de pueblos, naciones y culturas en activo, es necesario apostar por un sector agrícola con potencial, pero de índole también familiar, porque de lo que se trata es de abastecer al pueblo de materias primas producidas a nivel local para crear estabilidad entre aquellos más desfavorecidos y el control de los precios.

Es muy interesante también el apartado del programa electoral de Revolución Ciudadana, la Justicia decolonial, plurinacional e intercultural, que parece querer avanzar en el necesario reconocimiento de la pluralidad nacional de Ecuador y las singularidades históricas de las distintas comunidades indígenas.

Por último cabe preguntar qué piensa hacer la izquierda con la reciente renovada base militar norteamericana en Manta. Previamente el gobierno de Lenín Moreno inauguró una nueva Oficina de Cooperación de Seguridad (2018) para iniciar de nuevo un vínculo militar entre ambas naciones. Tanto es así que, a través del programa de Ventas Militares Extranjeras (FMS) norteamericana, Estados Unidos dirigirá el gasto militar ecuatoriano.

La cuadratura del círculo se ha conformado con el cambio del actual embajador norteamericano por Fitzpatrick. Cabe recordar que Fitzpatrick es un experto en contrainteligencia que estuvo involucrado en las estrategias contrainsurgentes del Departamento de estado en Centroamérica desde 1986.

La red norteamericana se extiende, y como dijo recientemente Fitzpatrick, “Ecuador es un país de gran interés para Estados Unidos”.