La izquierda colombiana se une para disputar el poder en 2022

El campo progresista de Colombia se une en torno a Colombia Humana de Gustavo Petro, configurando una opción con posibilidades de disputar el poder en el ciclo electoral de 2022.

En este 2021, la izquierda en Colombia dio un paso táctico importante hacia la unificación con miras a la nueva oportunidad institucional que supone el próximo ciclo electoral. Los colombianos y las colombianas votarán en las presidenciales y legislativas durante el año 2022.

En el denominado Pacto Histórico anunciado por la actriz Margarita Rosa de Francisco, simpatizante de Colombia Humana, participan las organizaciones de izquierda más importantes de Colombia: Unidad Patriótica, Polo Democrático Alternativo, Partido Comunista, Unidad Democrática, Partido del Trabajo de Colombia, Todos Somos Colombia y Colombia Humana, partido que lidera Gustavo Petro.

En esta alianza también participará el Partido “Comunes”, conocido hasta principios de 2021 como Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, expresión partidista de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, una de las principales organizaciones guerrilleras de ese país que se pacificó 2016.

Durante las pasadas elecciones presidenciales celebradas en 2018, la izquierda se presentó dividida en varias candidaturas, cuando una de ellas, la liderada por Gustavo Petro pasó a segunda vuelta, el campo progresista no supo reaccionar. Existió una fuerte división entre los que lo apoyaron y los que no, por lo que las organizaciones de izquierda no lo apoyaron abiertamente.

Gustavo Petro superó los 8 millones de votos, y pudo asentarse como el líder del campo progresista para el medio y largo plazo, tras varios años de trabajo político y social permanente, ha sido capaz de interpelar a la totalidad de la izquierda colombiana, que ahora se agrupa en torno a él, aumentando las posibilidades de una victoria que casi se alcanzó hace ahora tres años.

El principal objetivo

El principal objetivo de este pacto histórico de la izquierda colombiana es romper nuevamente el techo de votos que ha mantenido la izquierda en ese país, y así incrementar su presencia política en el Congreso Nacional.

Garantizar 55 senadores y 88 representantes en el Congreso es la meta que pretenden cumplir los movimientos de izquierda más conocidos de Colombia, esto llevaría a la agenda política nuevas propuestas relacionadas con asuntos neurales como la tenencia de la tierra y el reconocimiento de derechos a los campesinos, los derechos sexuales y reproductivos, y la gratuidad de servicios como la salud y la educación.

El manifiesto de este pacto, leído por Margarita Rosa de Francisco señala la necesidad de superar el neoliberalismo, la inequidad y la pobreza para de esta forma terminar con la “grosera concentración de riqueza y de la tierra”.

Igualmente, este pacto está orientado a lograr mejores condiciones para la paz, la democracia y la libertad amenazada por acciones violentas como el asesinato de cientos de líderes y lideresas campesinos de Colombia.

El tamaño del desafío

El avance de la izquierda en Colombia y la superación del neoliberalismo no sólo están condicionadas por las tensiones internas, de hecho, el control extranjero denunciado en el manifiesto del Pacto Histórico funciona a conveniencia de una estrategia de dominio regional de América Latina cuyo puntal es Colombia.

Para el dominio regional de América Latina, Estados Unidos requiere el enfrentamiento continuo entre Colombia y Venezuela, en tal sentido, Norteamérica aplica el “divide y vencerás” que le funcionó en el siglo XIX para acabar con la Gran Colombia, y de esta forma impulsa toda clase de operaciones que ya han entrado a una fase bélica entre estos países que por razones geopolíticas se complementan.

Esta complementación tiene que ver principalmente con los recursos naturales, energéticos y con la situación geográfica de ambos países que permite la circulación por el mar Caribe y el Océano Atlántico, todo ello, implica un potencial económico que de ser administrado soberanamente por estos países de forma coordinada, daría al traste con las actuales condiciones de dependencia hacia los Estados Unidos.

La unión de Colombia y Venezuela configura una amenaza al control sobre el que considera su patio trasero. Es por esta razón que los modelos políticos de ambos países no deben parecerse, y mucho menos si son la izquierda y el bolivarianismo los que llegan al poder.

En este sentido, no es sólo la posibilidad de arrebatar privilegios a la oligarquía lo que la izquierda colombiana de llegar al poder, estaría quebrando las condiciones ideales para que una de las principales potencias del mundo mantenga su influencia regional.

Por todo esto, la izquierda en Colombia chocará de frente con la más contundente reacción del sistema dominante y ello pasa por la intensificación de las operaciones paramilitares en la frontera con Venezuela, una mayor escalada de persecución a líderes políticos en Colombia y una poderosa campaña mediática dirigida al desgaste de los principales líderes de ésta alianza.

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