Kamala Harris: la fabricación de un personaje político

Aunque Estados Unidos vende a Kamala Harris como una progresista que defiende los derechos. En la práctica, sus medidas han servido para favorecer élites como las de Wall Street.

A lo largo de la historia, los gobiernos de los Estados Unidos (EEUU) se han caracterizado por la construcción o el modelado de personajes políticos que respondan a patrones culturales favorables a la opinión pública.

Ya hay una trayectoria en esta práctica con la creación de los poderosos superhéroes que defienden los valores estadounidenses.

Un ejemplo reciente de pieza política maleable resulta la actual vicepresidenta de los EEUU, Kamala Harris quien es presentada por el partido demócrata como un modelo progresista a seguir.

Con una fachada feminista, exhiben a Kamala Harris como la primera mujer afro y de ascendencia asiática, hija de inmigrantes, que alcanza el segundo cargo más importante del gobierno estadounidense.

Kamala Harris
Kamala de niña con su madre y su hermana menor Maya. Foto: Kamala Harris

Etiquetada como funcionaria exitosa y luchadora de la justicia, realza su paso como fiscal del distrito de San Francisco en 2003, y posteriormente como fiscal general de California así como de senadora por California en 2017. Con ello se auto-promociona como la “fiscal progresista“.

Sin embargo en su trayectoria se develan importantes hechos distantes de la imagen que es presentada por los grandes medios. En este sentido, enfrentó repetidos ataques por no ser realmente progresista.

A su paso como fiscal del distrito de San Francisco y posteriormente como Fiscal General de California, Harris se opuso a adoptar las reformas de la justicia penal aún cuando en múltiples ocasiones se le instó a romper con las políticas judiciales conservadoras.

Así, en 2014, decidió defender la pena de muerte de California en los tribunales.

El grupo de investigadores de Misión Verdad, refiere las denuncias recibidas por Harris debido a “múltiples casos de manipulación de pruebas, de testimonios falsos y de supresión de información crucial”.

  • Como fiscal del distrito de San Francisco de 2004 a 2011, Harris fue criticada en 2010 por retener información sobre un técnico de laboratorio de la policía que robó drogas y fue indiferente a las demandas de que explicara sus “fallas“.
  • Kamala Harris también defendió la legislación estatal según la cual los padres cuyos hijos se encontraran habitualmente ausentes en la escuela primaria podrían ser procesados. Esto afectaba directamente de manera desproporcionada a las personas de bajos ingresos, especialmente en las familias afroamericanas.
  • Kamala Harris hostigó a las personas que mendigan en las calles.
  • En 2015, se opuso a un proyecto de ley que requería que su oficina investigara los tiroteos que involucraban a oficiales de policía, negándose también a apoyar las normas estatales que regulan el uso de cámaras corporales en estos funcionarios.
  • Cuando un juez federal del condado de Orange dictaminó que la pena de muerte era inconstitucional en 2014, Kamala Harris apeló.
  • Un caso muy sonado fue el de George Gage, un electricista sin antecedentes penales que fue acusado en 1999 de abusar supuestamente de su hijastra. Posteriormente, el juez descubrió que fiscales, bajo el mando de Harris, retuvieron ilegalmente las pruebas potencialmente exculpatorias.
  • Asimismo, el caso de Kevin Cooper, condenado a muerte cuyo juicio estuvo infectado por el racismo y la corrupción. Se buscaron pruebas de ADN avanzadas para demostrar su inocencia, pero Kamala Harris se opuso.
  • Con el objetivo de reducir la población de las superpobladas prisiones de California, Harris argumentó que algunos delincuentes no violentos debían permanecer encarcelados o de lo contrario el sistema penitenciario perdería una fuente de mano de obra barata.

Por otra parte, Kamala Harris es catalogada como promotora de la industria carcelaria ya que en su praxis estuvo la alteración de pruebas y mantenimiento de personas en prisión mediante largos procesos de apelación que ella obstaculizaba. Se trataba de personas tipificadas como no violentas, incluidas personas inocentes. Tales acciones beneficiaban a los intereses económicos del círculo financiero de Wall Street.

PolitiFact, un medio web especializado, que se dedica a detectar noticias falsas o confirmar la veracidad de las afirmaciones de políticos y analistas, midiéndolas con su Truth-O-Meter; registró una lista de desviaciones de la verdad (declaraciones falsas) emitidas por Harris:

  • afirmó haber “demandado a Exxon Mobil”.
  • fabricó una estadística de que “la mayoría de las mujeres son trabajadoras con salario mínimo”.
  • acusó a la administración Trump de “‘robar dinero’ de las pensiones de los miembros del servicio militar para pagar el muro fronterizo”.
  • acusó al entonces nominado a la Corte Suprema, Brett Kavanaugh, de decir que los métodos anticonceptivos podrían considerarse “drogas que inducen el aborto”.

Aunque a finales de 2019 Kamala Harris decide retirarse como candidata en las presidenciales de 2020 contra Donald Trump manifestando que tenía problemas para financiar su campaña, los hechos muestran lo contrario. Harris mantiene enlaces con las élites financieras y responde de manera dócil a los intereses corporativos estadounidenses.

Para el año 2019, Harris presentó un plan extremo de salud privada. Asimismo, Biden-Harris ha recaudado cinco veces más que Trump en “donaciones” de la industria de valores e inversiones. Goldman Sachs, JPMorgan Chase, Morgan Stanley, Wells Fargo, entre otros figuran como grandes “contribuyentes”. Por tanto Kamala Harris sería garantía del predominio de esas élites corporativas dentro del Partido Demócrata.

Kamala Harris
Kamala Harris y Joe Biden. Foto: Twitter Joe Biden

Mientras, la industria mediática adorna a Kamala Harris como una opción presidenciable para 2024, presenta la avanzada edad de Joe Biden (78 años) y la posibilidad de que opte por no presentarse a la reelección en cuatro años.