UP propone una Ley de salud mental acorde a la pandemia

La ley propuesta por Unidas Podemos contempla, entre otras cosas, la creación de programas específicos para identificar patologías en salud mental derivadas de la pandemia

Unidas Podemos propone ante el Congreso una ley de Salud Mental, que aumenta el número de profesionales en este. También procura, impulsar, el despliegue de programas específicos para identificar patologías en salud mental derivadas de la pandemia del COVID-19.

Castañón, portavoz adjunta de Unidas Podemos en el Congreso, ha destacado que es una “cuestión de Estado” abordar la situación de la salud mental y ha enfatizado que ahora el ratio de profesionales está “muy por debajo de los estándares europeos“, por lo que es necesario llegar a ese umbral.

Por su parte, Medel ha señalado que el servicio público está “sobrepasado” y que la pandemia ha demostrado que se ha multiplicado por cien los casos de salud mental. En este sentido, Unidas Podemos pretende elevar en España hasta los 18 psicólogos y 23 enfermeros especialistas en salud mental por cada 100.000 ciudadanos.

El instrumento legislativo, impulsado por la coalición de izquierda, queda pendiente de que el ala socialista del Gobierno introduzca sus propuestas para ser registrada el próximo viernes. Dicha norma reconoce la “atención integral y universal” para la salud mental.

Sin embargo, para que se materialice, resulta necesario ampliar las ratios de profesionales en la sanidad pública. Además, Unidas Podemos quiere que las comunidades pacten un tiempo máximo de acceso a estos servicios.

En el preámbulo de la ley se reconoce que, en comparación con los países de la Unión Europea, “España cuenta con un menor número de profesionales en los diversos ámbitos: psiquiatría, psicología, neuropsicología, enfermería de salud mental, trabajo social, educación social, terapia ocupacional e integración social“.

Concretamente, según los datos de Eurostat, en 2018 España no llegaba, en los centros sanitarios públicos, a 11 psiquiatras por cada 100.00 habitantes. La cifra de psicólogos, ofrecida en el mismo año por el Ministerio de Sanidad al Defensor del Pueblo, se situaba cercana a los seis profesionales.

A la par, el texto destaca que en una encuesta realizada por el Instituto Nacional de Estadística en 2020 el 12,74% de la población española de 15 años en adelante presentaba sintomatología depresiva en distinta gravedad.

En este contexto, el artículo primero de la norma redactada por Unidas Podemos garantiza “el derecho a la protección de la salud mental” y el “acceso a una atención sanitaria y social de calidad“. La ley también acentúa su atención en el aumento de los intentos de suicidio y de problemas psicológicos derivados de la pandemia.

Respecto a la prevención de suicidios, entre las medidas planteadas está la creación de una línea telefónica gratuita de atención, el seguimiento a las personas con tentativa suicida, el establecimiento de protocolos de prevención e identificación precoz para grupos vulnerables y la creación de una formación especializada para la prevención del suicidio y el estigma para personal sanitario, servicios de urgencia, bomberos, policía, protección civil, medios de comunicación, centros docentes y funcionarios de justicia.

En concreto, destaca que según un estudio realizado por UNICEF en 2020, el 27% de los adolescentes encuestados tras el confinamiento sentía ansiedad, el 15% depresión; y el 73% la necesidad de pedir ayuda en relación con su bienestar físico y mental. Así, la propuesta legislativa dedica un capítulo a la atención a las personas afectadas por la crisis del COVID-19.

La ley de Unidas Podemos contempla la creación de programas específicos para identificar patologías en salud mental derivadas de la pandemia; promover la realización de estudios de investigación; el establecimiento de protocolos de formación; que se faciliten los medios para recibir una atención integral; y, sobre todo, que se vele porque la toma de decisiones sobre las medidas que limiten la movilidad y la sociabilidad tenga en cuenta la atención y la salud mental de la población.

El miedo, la preocupación y el estrés son respuestas normales en momentos en los que la ciudadanía se enfrenta a la incertidumbre, a lo desconocido o a situaciones de cambios o crisis. Así que es normal y comprensible que la gente experimente estos sentimientos en el contexto de la pandemia por coronavirus.

Al temor de contraer el virus en una pandemia como la del COVID-19, se suma el impacto de los importantes cambios en nuestra vida cotidiana, provocados por los esfuerzos para contener y frenar la propagación del virus.

Ante las nuevas y desafiantes realidades de distanciamiento físico, el trabajo desde el hogar, el desempleo temporal, la educación de los niños en el hogar y la falta de contacto físico con los seres queridos y amigos, es importante que cuidemos tanto nuestra salud física como mental.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), junto con sus colaboradores, está brindando orientación y asistencia a las distintas regiones durante la pandemia de COVID-19, para ayudar a apoyar el bienestar mental y general de todas las personas, especialmente de aquellos que podrían necesitar apoyo adicional durante estos difíciles momentos.

Las personas que pueden presentar un mayor nivel de estrés durante una crisis incluyen: personas mayores y personas con enfermedades crónicas; niños y adolescentes; personas que están ayudando con la respuesta, como los médicos y otros proveedores de atención médica; y personas que tienen problemas de salud mental, incluido el consumo de sustancias.

Existen factores de estrés específicos del brote de COVID-19, entre los cuales se incluyen: el riesgo de estar infectado e infectar a otros; los síntomas comunes de otros problemas de salud pueden confundirse con el COVID-19.

Los cuidadores pueden sentirse cada vez más preocupados porque sus hijos estén solos debido al cierre de las escuelas. El riesgo del deterioro de la salud física y mental de personas vulnerables, como los adultos mayores y las personas con discapacidades.

Además, los trabajadores de salud pueden experimentar otros factores de estrés adicionales: estigmatización por trabajar con pacientes del virus COVID-19 y poder contagiar a familiares o amigos; medidas estrictas de bioseguridad; mayor demanda en el entorno laboral; capacidad reducida para beneficiarse del apoyo social debido a los intensos horarios laborales; capacidades de personal o energía insuficientes para implementar la auto asistencia básica.

Una de las acciones implementadas por los países para intentar controlar la epidemia es la cuarentena. Sin embargo, esta trae consigo otros retos de salud que deben vencerse. Se han descrito, generalmente luego de las 72 horas, efectos psicológicos negativos, incluidos confusión, enojo, agotamiento, desapego, ansiedad, deterioro del desempeño y resistencia a trabajar, pudiendo llegar incluso a trastorno de estrés postraumático y depresión.

Muchos de los síntomas se relacionan con los temores de infección, frustración, aburrimiento, falta de suministros o de información, pérdidas financieras y el estigma.

Mensajes claros y asertivos deben ser transmitidos a la población, basados en las consideraciones de salud mental elaboradas por el Departamento de la OMS de Salud Mental y Uso de Sustancias, así como los diferentes los Centros de Control y Prevención de Enfermedades.

A través del tiempo, y ante una mejor comprensión de la situación actual, podrán surgir nuevas consideraciones y recomendaciones. El actual proyecto de ley busca precisamente subsanar aquellas debilidades que han posicionado a España como uno de los países más vulnerable ante el coronavirus.