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Racismo en la UE: sus migrantes de primera y de segunda

Se percibe un racismo fuertemente afianzado dentro de las políticas migratorias europeas cuando se observan cuán diferentes son las reacciones de los gobiernos y la oligarquía de la UE ante las personas que intentan llegar a Europa.

La Unión Europea (UE) se ha dispuesto con un voluntarismo pocas veces visto a recibir a los miles de refugiados que huyen de Ucrania a raíz de la guerra. En este sentido, diferentes gobiernos han declarado su solidaridad con la causa ucraniana, la cual, ha demostrado ser un constructo creado en la medida del interés de occidente y los Estados Unidos (EEUU).

Esta aparente empatía europea por Ucrania no es fiel reflejo de su praxis en otros contextos migratorios, dentro de la cual esta supuesta solidaridad no se ha visto manifiesta.  Tal es el caso del rechazo por parte de Polonia de miles de personas de Medio Oriente en la frontera con Belarús.

Desde 2016, más de 15.000 migrantes de naciones africanas han muerto tratando de atravesar el Mar Mediterráneo. Actualmente, la acogida de migrantes de los países limítrofes con Ucrania concuerda con las denuncias de ciudadanos de África, Medio Oriente y Asia sobre discriminación a la hora de abandonar el país.

En este respecto, la Unión Africana ha calificado enfáticamente de “racista«, al mismo tiempo que la prensa internacional manipula estas realidades a favor de los poderes hegemónicos, haciendo distinciones entre los refugiados de Ucrania y los de otros conflictos globales.

En este sentido, el pasado 1 de marzo de 2022 la Organización de Naciones Unidas (ONU), por medio de su representante de nombre Filippo Grandi, reportaba la migración de 677.000 personas desde Ucrania hacia los países vecinos.

Mientras que la ACNUR para Ucrania, cifró en un millón el número de desplazados internos. De la frontera del Donbass, epicentro de la guerra, se estiman 116.000 desplazados ucranianos al lado ruso.

Dichos números suponen un auténtico reto humanitario tanto para los países fronterizos como para las potencias europeas a las que muchos ucranianos quieren llegar. Sin embargo, paralelamente a la acogida, también crecen las denuncias de que la acogida y el refugio está contando con privilegios.

Se percibe un racismo fuertemente afianzado dentro de las políticas migratorias europeas cuando se observan cuán diferentes son las reacciones de los gobiernos y la oligarquía de la UE ante las personas que intentan llegar a Europa.

Por su parte, la Unión Africana también ha denunciado el evidente trato diferencial entre los ucranianos blancos y aquellos de origen africano, asiático y de oriente medio en el proceso de salida del país en contexto de la guerra, actitud que es calificada de racista por el organismo continental citado.

Diversas fuentes en Ucrania aseguran que las autoridades locales administras las salidas en los cruces fronterizos separando a los habitantes en dos grupos diferenciados, los ciudadanos ucranianos y la de extranjeros. Sin embargo, las denuncias hacen énfasis que la de los locales avanza a una mayor velocidad que la de los foráneos.

El medio de comunicación France 24 pudo recoger los testimonios de algunos migrantes afrodescendientes radicados en Ucrania cuando intentaban salir del país. “Nos pararon en la frontera y nos dijeron que los negros no estaban permitidos. Pero pudimos ver gente blanca pasando”, dijo Moustapha Bagui Sylla, un estudiante de Guinea.

No dejan entrar a los africanos. Los negros sin pasaporte europeo no pueden cruzar la frontera. ¡Nos están haciendo retroceder solo porque somos negros!”. Dijo otro estudiante nigeriano, quien solamente dio su primer nombre, Michael. “Todos somos humanos”, agregó. “No deberían discriminarnos por el color de nuestra piel”, afirmó.

Por otro lado, países europeos han sido de los más ásperos a la hora de emitir opiniones y legislar en materia migratoria a raíz del conflicto ucraniano. Como muestra de ello, el primer ministro búlgaro, Kiril Petkov, hizo referencia al cambio de criterio de los últimos días: «estos no son los refugiados a los que estamos acostumbrados, estas personas son europeas, son inteligentes, educadas«.

Asimismo, en Hungría fueron testigo del radical cambio de discurso de su primer ministro, el ultraderechista Viktor Orban, quien afirmaba enfáticamente «no vamos a dejar entrar a nadie«, a asegurar esta semana que «dejaremos entrar a todos«, en referencia a los ucranianos.

De igual forma, se están señalando como racistas los discursos de algunos medios de comunicación internacionales, en los que se han hallado diferencias entre guerras de primera y de segunda, según el color de piel o la cercanía cultural.

Medios como CBS News se afirma que «esto no es Irak o Afganistán, esto es en una ciudad relativamente civilizada y europea«. También en el medio catarí Al-Jazeera, se ha afirmado que no son refugiados tratando de escapar de Medio Oriente o el Norte de África «son como cualquier familia europea que vive a tu lado«.

Igualmente en Francia, en el medio privado BFM TV, un tertuliano dijo que lo que está sucediendo es como si estuviéramos «en Irak o Afganistán«, mientras que una reportera de la cadena británica ITV dijo que «esto no es una nación del tercer mundo, esto es Europa«.

Existe una categoría la cual forma parte inherente de la derecha europea, se trata del nativismo discursivo, esta es una postura ideológica que asume que los Estados deberían de estar habitados exclusivamente por los miembros del grupo nativo. Aquí el concepto de “nación” cobra fuerza para el conservadurismo.

Bajo este argumento, aquellos elementos no-nativos amenazan fundamentalmente al Estado-nación homogéneo. Esto no solamente aplica a individuos, también a ideas que se consideran incompatibles con los cánones sociales cohesionadores que promueve la derecha.

En este sentido, el fascismo europeo manipula la emocionalidad de aquella ciudadanía carente de un desarrollado sentido crítico o de intelectualidad, necesaria para no caer en agendas que promocionan el odio y la crispación social.