The news is by your side.

Libia después de EEUU y la UE: esclavitud, pobreza y guerras

La nación africana sufre a causa de las guerras entre las tribus, incursiones de los talibanes, esclavitud y pobreza.

Llevar la democracia a un país lanzando bombas en su territorio. Un concepto que no termina de cuadrar, ya que la democracia es un sistema en el que se respeta la voluntad de la mayoría social, se concede libertad para expresarse y hay un sistema de justicia que evita la aplicación del salvaje concepto detrás de «el fin justifica los medios«. Y el efecto de una bomba cuando explota -la única función que tiene- no es ninguno de ellos, sino la erradicación del contrario.

«¡Pero los países que sufren esa intervención tienen dictaduras que hay que eliminar como sea!«. ¿Qué es una dictadura? Por que en Siria y en Afganistán había elecciones antes de la llegada de las naciones occidentales, y en Libia existía una democracia directa a causa de su excepcional e histórica organización territorial, basada en tribus. En todos ellos existía una oposición respetada y tenían los Índices de Desarrollo Humano más altos de sus regiones.

Influencia mediática

De repente, de un día para otro, Muamar el Gadafi pasó de ser un completo desconocido para la mayoría a ser el nuevo enemigo público número uno. Algo había hecho que todo el mundo quería que fuera derrocado por ser un cruel dictador, aunque casi nadie sabía ubicar a Libia en el mapa. ¿El Magreb? ¡Qué es eso!

Lo que había hecho era haber lanzado una bomba sobre una masiva manifestación en su contra que se celebró en la capital del país, Trípoli. O eso nos dijeron. El ejército ruso lo desmintió, aportando pruebas de sus satélites, que no registraron nada.

No importó, al final Rusia es parte de los enemigos de Occidente y nos mentía para evitar una guerra que les haría perder influencia en África. Y además ya nos habían enseñado un vídeo de 4 segundos en el que se veía la ropa de alguien que huía, suficiente para odiar al alguien y estar cómodos con el bombardeo a una nación lejana y desconocida. Tiempo después se demostró que, como en Siria, había sido un montaje, ¡con claqueta y todo!

Bueno, las bombas ya se tiraron, y la resistencia en favor del líder libio -más simbólico que otra cosa ya que no ejercía ni el poder legislativo -Congreso General del Pueblo, integrado por 2700 miembros procedentes de los Congresos Populares de Base, lo que aquí serían los municipios-, ni el ejecutivo -Comité General del Pueblo, cuyos miembros también proceden de los Congresos Populares de Base y son elegidos por el legislativo-, una democracia directa asentada en la particular cultura libia, estructurada socialmente por tribus con sus propios líderes y costumbres.

De esa manera, se favorecía un cambio constante de los funcionarios dejando a los y las ciudadanas su elección en asambleas de base, además de garantizar una separación efectiva del poder. Ahora hay una democracia occidental en Libia que no entiende sus peculiaridades. Las guerras son la forma de relación en el país.

Precisamente la Comisión Española de Ayuda al Refugiado -organización de Derechos Humanos reconocida por el Gobierno de España y la Unión Europea- ha constatado en un informe sobre el país africano que el Estado libio no tiene poder sobre lo que sucede en la nación, que se ha convertido en un gigante mercado de esclavos subsaharianos, en el que se trafica con armas y mujeres. Las tribus están en guerra entre ellas y contra -o a favor- de los talibanes, que han entrado junto a las bombas de EEUU y la UE.

La paz social se ha roto, y las condiciones materiales de vida de la mayoría social también. El poder adquisitivo ha pasado de los 9000 dólares al año a poco más de 3000. El Índice de Desarrollo Humano (IDH) es una expresión estadística que mide la esperanza de vida, el nivel de educación y el Producto Interior Bruto de un país. El de Libia ha caído en picado desde la intervención militar extranjera.

Ha pasado, según informes oficiales de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) del puesto 50 al 105 en la lista de países. Una caída muy pronunciada de la que no hay visos de recuperarse que ha puesto a Libia en una situación en la que la pobreza y el analfabetismo vuelven a ser una realidad desde que se desterraron en su mayor parte hace décadas.