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Heroínas venezolanas: patria e independencia

Poco se habla sobre las heroínas que participaron en la lucha independentista de Venezuela, por eso, aquí hacemos un recuento.

A lo largo de la historia latinoamericana han resaltado multitud de personajes que con valentía, fuerza de voluntad e inteligencia lograron dejar huellas en la memoria de las naciones que, para ese entonces, apenas estaban emergiendo de las garras del Imperio español. Por consiguiente, es preciso hablar de Heroínas venezolanas de la independencia.

Sin embargo, cuando se está en un salón de clases, ha prevalecido más la cantidad de información y enseñanza sobre aquellas personalidades masculinas que protagonizaron los eventos independentistas, los cuales marcaron un antes y después en la historia de Venezuela, pero poco se aborda las hazañas que fueron obra de mujeres, aún en medio de sociedades machistas y patriarcales, las cuales buscaban rebajar la figura femenina.

Y hasta ahora, todo es sobre Simón Bolívar, José Antonio Páez, Francisco de Miranda y así sucesivamente, olvidando que en el proceso de la liberación del pueblo venezolano estuvieron involucradas algunas féminas que destacaron por sus convicciones e intenciones de defender su patria, sin importar su condición social ni etnia.

En el caso de Venezuela, muchas mujeres recibieron condenas en prisión, fueron torturadas e incluso dieron su vida por la lucha independentista, cambiando el rumbo de sus roles para unirse a la gesta emancipadora sin importar las consecuencias a las cuales se exponían.

Luisa Cáceres de Arismendi

De una familia acomodada de la época, fue esposa de Juan Bautista Arismendi quien era General y consiguió escapar de las tropas que estaban a favor de los españoles, dejando a Cáceres a merced de los mismos, por lo que sería detenida con el propósito de presionar a su cónyuge y que se entregara, quien desarrollaba una feroz campaña en su contra.

El gobernador de Isla Margarita, el español Joaquín Urreiztieta, no consiguió nada ni de ella ni de su marido, por lo que Luisa permaneció en la prisión de la fortaleza de Santa Rosa, donde tuvo a una niña que murió en el parto, hasta que fue trasladada a diversos destinos debido a los triunfos de Juan Bautista y José Antonio Páez en Apure, obligando a las autoridades españolas trasladarla a su país, donde la torturaron y presionaron para que renegara de sus ideales.

No obstante, ella nunca abandonó sus ideales independentistas y una vez en libertad, regresó a Venezuela en 1818, siendo nombrada con el honor de «heroína», y continuó apoyando la libertad y soberanía del pueblo.

Josefa Camejo

Esta mujer, junto a un grupo que lideraba, firmó un documento en el que se comprometía a luchar hasta la muerte por la Provincia de Barinas. A su vez, destacando que por ser «del sexo femenino no temían el horror de la guerra» y aseguró que eso le daba fuerzas para servir a la lucha contra los invasores realistas.

Por ello, se incorporó en las fuerzas comandadas por el General Rafael Urdaneta y marcharon hacia Nueva Granada, haciendo toda la travesía como un soldado más de infantería, aún cuando en todo el camino también se dedicaba a curar a los soldados heridos.

Juana Ramírez

Esta mujer era hija de esclavos, pero no heredó dicha condición, por lo que estaba en libertad desde muy temprana edad y desde su juventud mostraba una tendencia hacia la defensa de la igualdad, lo que la llevaría a formar parte de diversos movimientos sociales.

Y se destacó por su alma revolucionaria, que no se detuvo pese a los condicionamientos que se le daban por su raza y género. Así es como, Juana se ganó el título de «La Avanzadora«, cultivando sus decisiones y gran valentía que fue preponderante en la lucha independentista oriental.

Por otro lado, se dedicó a organizar un batallón de mujeres, las cuales lucharon a la par de los soldados republicanos como iguales, dando ejemplo de su carácter intrépido y audaz en el campo de batalla. Además, no descansó en ningún momento, porque en otras ocasiones manejaba la artillería, o repostando de agua y municiones a los combatientes, también retiraba del campo de batalla a los heridos que no podían regresar a su posición y ayudó a enterrar dignamente a los caídos.

En uno de sus combates desafió directamente al enemigo ya que atravesó el campo de batalla, apresó a un General español y le arrebató la espada, llevándola consigo como estandarte de libertad y victoria de su gente.

Ana María Campos

Campos fue una mujer de impetuoso genio y espíritu que desarrolló desde joven una inclinación por la cultura, empapándose de lecturas de clásicos y alcanzando conocimientos sobre la doctrina de libertad, fraternidad e igualdad de forma autodidacta. Por ello, manifestaba sus ideas sin temor alguno, concurriendo a reuniones conspirativas clandestinas y otras veces a organizarlas en su propia casa, siempre en la búsqueda de salir del yugo español.

Murió en Maracaibo en el año 1828 de una manera terrible, pues la sometieron a torturas a plena luz del día y en ningún momento pidió clemencia, aferrándose a sus principios e ideales aún en sus últimos momentos de vida.