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Voces del ecofeminismo: mujeres que hacen historia

Aunque todavía existen limitaciones, el activismo feminista también se ha involucrado en el tema ambiental, dando paso al ecofeminismo.

Se ha demostrado que el cambio climático es un problema que se posiciona en la agenda mundial, no sólo por sus efectos actuales, sino por el impacto que seguirá teniendo y aumentando exponencialmente con el transcurso del tiempo si no se logra gestionar desde este momento. En este campo, hay muchas mujeres que se han sumado a la lucha y se basan en la corriente ecofeminista.

También hay otros casos donde su activismo está centrado en atacar la raíz desde una posición mucho más neutral. Sin embargo, es necesario recordar que esta corriente surgió en distintos países casi al mismo tiempo, como en Francia, Alemania, Estados Unidos, Italia, Japón, Venezuela, Australia y Finlandia, siendo Estados Unidos el que dominó las primeras aportaciones a la corriente ecofeminista.

Pero para avanzar, es necesario precisar que el ecofeminismo es una corriente ideológica que entreteje el ecologismo y feminismo. Asimismo, busca analizar desde una perspectiva crítica las creencias del «modelo de vida ecocida, patriarcal, capitalista y colonial«.

Por tanto, uno de sus principales postulados es denunciar los riesgos a los que somete a las personas y al resto del mundo vivo y propone miradas alternativas para poder revertir esta guerra contra la vida.

 

Vandana Shiva, la voz de una nueva generación

Esta mujer nacida en la India ha sido una de las voces más influyentes y poderosas del ecofeminismo en todo el mundo, ya que su pensamiento se centra en la religión y la filosofía hindúes que describen el «principio femenino» como la fuente de vida y la base de un desarrollo sustentable.

De ahí que critica el modelo económico dominante, ya que propaga las técnicas de plantación de monocultivos tanto en los bosques como en la agricultura; y considera que el sistema económico indio tradicional preserva la relación mutua con la naturaleza a través del policultivo, cuyo objetivo es la producción de subsistencia local con insumos propios.

Además de ello, fue una de las primeras activistas en denunciar el deterioro de las condiciones de vida de las mujeres del denominado «tercer mundo» causado por el mal desarrollo.

Para el año 1982 creó la Fundación para la Investigación Científica, Tecnológica y Ecológica cuyos objetivos principales son: la difusión de la agricultura ecológica, el mantenimiento de la biodiversidad, el compromiso de las mujeres con el movimiento ecologista y la regeneración del sentimiento democrático, lo cual ha dado excelentes resultados en la lucha por el cambio climático y la difusión de ideas ecofeministas.

Es así como Shiva señaló constantemente que el «ecofeminismo es la convergencia de la ecología y el feminismo. La ecología dice que no se pueden destruir los fundamentos ecológicos a través de los que sobrevivimos y el feminismo recuerda que no hemos nacido iguales pero que formamos parte de la misma especie. Así, el ecofeminismo es realmente la filosofía de toda sociedad duradera«.

 

Berta Cáceres

Una de las mujeres que también dejó su huella en esta lucha fue Berta, una indígena y defensora de derechos humanos de Honduras, que desde hace 20 años, había defendido el territorio y los derechos del pueblo Lenca.

Durante su actividad, co-fundó el Consejo Cívico de Organizaciones Indígenas Populares (COPINH), el cual organizó feroces campañas contra los megaproyectos que violaban los derechos ambientales y la tierra de las comunidades locales.

A pesar de su asesinato el 3 de marzo de 2016, Cáceres trazó un gran legado al enfrentarse a madereros ilegales, dueños de las plantaciones, corporaciones multinacionales y proyectos de represas que cortaban los suministros de alimentos y agua a las comunidades indígenas.

Rigoberta Menchú

Rigoberta es una activista y defensora de la paz, la justicia social y los derechos humanos de los pueblos indígenas en Guatemala, en el continente americano y en otras partes del mundo, siendo una de las figuras más emblemáticas del activismo femenino y ambiental.

Pese a su dura infancia y juventud, que estuvo enmarcada por grandes barreras como la pobreza, la discriminación racial, el machismo, la desigualdad de género y la violencia que durante décadas han sufrido las poblaciones indígenas, salió adelante para defender sus ideas y aportar desde sus convicciones para la construcción de una sociedad más consciente de su ambiente, equitativa y justa.

A lo largo de su trayectoria, Rigoberta también ha reivindicado las valiosas aportaciones culturales del pensamiento milenario de los pueblos indígenas e hizo principal hincapié en la necesidad de conformar una unidad a través de la diversidad de pueblos, fortaleciendo así la solidaridad, la fraternidad y la reciprocidad para luchar contra la exclusión social y la discriminación.

Actualmente, Rigoberta Menchú continúa siendo una de las figuras más activas y notorias de esta corriente, ya que sigue esforzándose para así promover el diálogo, logrando la consecución de alternativas para reforzar la participación activa de los pueblos indígenas en la toma de decisiones sobre sus necesidades y sus derechos en los diferentes Estados.