Post COVID-19: ¿Todo terminará en la transnacionalización del Estado? (III)

Tercera y última parte de una serie de artículos que componen un reportaje sobre el escenario más probable que el capitalismo en fase neoliberal configurará una vez se deje atrás el COVID-19. Tras hablar sobre la riqueza de las naciones y la transnacionalización de las mismas, centramos la mirada en el presente y futuro. Para entender bien el contenido que se desarrolla debajo de estas líneas, se recomienda leer primero el primera entrega haciendo click aquí, y la segunda haciendo click aquí.

En la actualidad

Es importante recordar diversas declaraciones que dejan al descubierto un complot en la cúspide planetaria, pues así como Obama, en el 2015, advertía sobre un virus latente infeccioso, expresando que EEUU se tendría que preparar para ello, muchos otros han declarado sus verdaderas intenciones:

  • Henry Kissinger. El exsecretario de los Estados Unidos, decía que “a través de la reducción de la tasa de natalidad, la política demográfica se hace relevante para los suministros de recursos y para los intereses económicos de EEUU” (memorándum 200, 1974).
  • El empresario y cofundador de Microsoft, Bill Gates (2015), “las guerras del futuro serán por virus“.
  • David Rockefeller. Banquero y oligarca internacional, manifestaba en una cena con embajadores de la ONU que “estamos al borde de una transformación global; todo lo que necesitamos es una gran crisis, y las naciones aceptaran el nuevo orden“.
  • Recientemente, Nixon ha vuelto a declarar que “los gobernantes deben comenzar a prepararse para la transición a un orden mundial nuevo tras el Coronavirus“.

No es coincidencia que estas declaraciones de diversos actores, todos pertenecientes al Estado Transnacional, pretenda dar una visión de necesidad de un Nuevo Orden Mundial y que a su vez sean ellos quienes hablen de un virus años antes del 2020.

Cada época del sistema histórico del capital, representa una expansión del sistema, y esta vez no es diferente. Ya para el 2019 el FMI estimaba una crisis económica “la mitad de grave” que la del 2008, pero con impactos en las deudas corporativas conduciendo a quiebras con millones de desempleados.

Pero lo que la prensa oculta es que no es solo una crisis cíclica del capitalismo. Esta vez influyen factores sociales que amenazan con alterar el orden que se habría construido en décadas. El buscar mejores beneficios a través de bajos salarios, bajos costos en materias primas, poder dejar a un lado las políticas ambientalistas y poder hacerse con el erario público sin desencadenar en un reclamo social. Esta crisis sistemática en el 2019, sucedió.

Recordemos cómo los pueblos hermanos en parte de Latinoamérica, Medio Oriente y Europa reclamaban al Estado ya desmantelado, una responsabilidad que hace años se ha traspasado al Estado Transnacional. Desencadenando una lucha de clases con distintas exigencias, que van desde lo salarial, hasta la democratización de la maquinaria política del sistema-mundo capitalista. Limitar la presión política, y exigencias de dignificación a la vida, pasa por un control estatal.

La democratización de la maquinaria estatal, haría valer los impuestos, pues se supone que estos son para la contribución a los servicios sociales, garantizando así el derecho a la salud, educación e ingresos vitalicios para los individuos.

En manos de una burocracia global y en un sistema tan desigual, los impuestos pasan por salvar a las diversas empresas o transnacionales que se encuentran en algún desajuste económico. Pues el Estado con sus leyes hacen posibles los cuasi-monopolios.

Estas diversas presiones estructurales, tanto económicas como sociales, presentan una crisis a la acumulación del capital, y se hace aún más complicado con la pérdida de credibilidad de las estructuras estatales, lo que también explicaría una crisis de legitimidad.

¿Qué pasaría después de la crisis? El ciclo Kondratieff explica, de manera clara, el futuro sobre la acumulación, este es un ciclo representado en cuatro fases de:

  • Crecimiento inflacionario (mejor momento para acumular).
  • Estanflación.
  • Deflación, beneficiosa en un período.
  • Deflación, que conduce a una recesión y posteriormente a una depresión.

¿Y luego qué? Empieza el ciclo otra vez, pero lo que se debe resaltar es que estas crisis cíclicas son beneficiosas para el gran capital, pues es cierto que causan cierres en empresas, corporaciones y que las pymes de los países se ven seriamente afectadas, pero para este 1% que cuenta con el erario público, que tiene un cuasi-monopolio, representa la oportunidad de abrir paso a nuevos mercados anteriormente ocupados, lo que evitaría la sobreproducción y posterior estancamiento, por unos cuantos años.

Se necesita una sociedad de consumo para un mercado que requiere generar dinero, estas crisis seguramente dejará en menos manos la riqueza mundial.

COVID-19

Se pudiera decir, que la llegada del coronavirus fue ideal para esta crisis multidimensional, a través del miedo se logran muchas cosas, y este caso no es la excepción.

No por gusto los medios de comunicación hablaban con un tono muy alarmante sobre el virus, pues la gravedad de contagiarte “era” mortal, y aunque así parecía en países como Italia o España, lo que no se debatía era que la mayoría de las personas fallecían por no recibir atención médica, porque los sistemas de salud colapsaron.

¿Y los impuestos? Se supone que debería invertir ahora más en salud pública.

Es incierto saber si después de esto invertirán en salud, pero lo que sí es cierto y hemos visto, es cómo el erario público -que tanto se ha mencionado aquí- se pretende utilizar para el rescate de la economía… Pero de la privada.

El coronavirus fue esa contención que logró que las protestas no se salieran de control. El escenario de una recesión económica -aunado con protestas- no era beneficioso.

El coronavirus llegó en el momento preciso, logró controlar las protestas y a su vez justificar la crisis económica, la cual terminarán pagando los trabajadores y pequeños emprendedores.

Al final, resulta que en este Nuevo Orden Mundial se hablaría del anarcocapitalismo, un mercado autorregulado sin ninguna dependencia del estado-nación, ni sus legislaciones. Donde el libre mercado se hace ley junto con la explotación masiva de obreros sin garantía de derechos.

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