“El Canto de los azules” (II): Gillmanfest, metal para todos

Paul Gillman comenta que en la década de los 70, cuando quería disfrutar de algún concierto de rock, debía hacer muchísimos esfuerzos para poder acceder a ellos, bien por el dinero de la entrada, o por el transporte, eso lo llevó a soñar como cualquier adolescente el tener su propia banda para tocar a sus anchas, también visionó poder organizar conciertos masivos para que todo el que quisiera, pudiera ir.

Ambas cosas se cristalizaron, y 20 años después, en 1992, a propósito de sus 15 años de carrera ofreció un espectáculo en Valencia (la capital del rock), reunió en una plaza Baphometh, Trance, y a su banda, Gillman, en uno de los primeros conciertos gratuitos que se conozcan, donde además de ofrecer música sin mayor condición que la de querer escuchar, los detalles de sonido y escenografía eran cuidadosamente concebidos como si se tratara de un concierto organizado por las grandes empresas de espectáculo de la época.

Esa ha sido una característica de los Gillmanfest, el profesionalismo con el cual se ofrece un espectáculo gratuito, se nota en cada detalle, desde la promoción, la iluminación, la puntualidad y el ritmo de la puesta en escena que carece de errores y donde el ánimo del público, difícilmente decae.

Al igual que el Festival de las flores de 1970 el concierto gratuito de Valencia en 1992, fue interrumpido por la policía del Gobierno socialcristiano del estado Carabobo, otra muestra de persecución contra el rock y el metal en Venezuela.

Sin embargo, con la llegada de la Revolución Bolivariana, objetivamente esa situación cambió, aunado a otras acciones a favor de la juventud, cesaron las persecuciones y esos intentos de llevar conciertos gratuitos de concentraron en lo que se llama Gillmanfest, que no es la exaltación a una personalidad del mundo del rock y el metal, sino una invitación de la banda Gillman a otras bandas nacionales e internacionales a visitar a Venezuela y reúne a los metaleros del país en encuentros de una gran familia de admiradores fervientes de la cultura del metal.

Una solicitud que el Presidente Hugo Chávez hiciera a Paul Gillman y al entonces Ministro de Cultura Francisco Sesto, la que sirvió para sentar las bases de este gran Festival del rock y el Metal que lleva más de 32 ediciones donde se ha demostrado que en Venezuela se puede hacer un festival “de músicos profesionales para músicos y de músicos para el público”, afirma Ennio Di Marcantonio, haciendo recuento de la importancia de este evento.

“El Gillmanfest, Caracas, 2018, cuando tuvimos la oportunidad de invitar a la agrupación española Tierra Santa, a compartir con nuestro rock y Metal venezolano, llenamos el lugar con un público donde más de la mitad no eran metaleros; eran personas que se habían acercado porque vieron la cuña y terminaron impresionados por la fuerza del metal, y eso es lo que queremos, que el metal deje de ser para una secta y todo el público pueda disfrutarlo”.

Desafíos para el rock y el metal en Venezuela

La falta de sentido de pertenencia y la necesidad de concebir una identidad propia, son parte de los desafíos que enfrenta la escena del metal venezolano actualmente, ello aunado a la severa situación económica derivada del bloqueo internacional hacia ese país.

Aun cuando el movimiento del rock y El metal venezolano se mantiene con programas como KULTURA ROCK, con propuestas de radio como “La Descarga”, y con el esfuerzo propio de los músicos y promotores del metal, persisten algunas tareas pendientes para consolidar y sostener la escena metalera venezolana.

De acuerdo a un estudio realizado por Anderson Velásquez, guitarrista de la banda de power metal Kurarex, éste movimiento artístico requiere definir y constituir una identidad basada en el amor hacia el rock hecho en Venezuela para tener capacidad de “hacer frente a cualquier tipo de incidencia propia de cualquier movimiento tales como: las actitudes inapropiadas y el desinterés en los diferentes eventos nacionales, la subestimación constante del trabajo artístico-musical de las agrupaciones y las críticas destructivas, señalamientos y enfrentamientos estériles entre los diferentes sectores de la escena rockera en Venezuela”.

De igual forma. Franklin Zambrano (histórico músico del Metal extremo venezolano, con la agrupación BAPHOMETH, creador y conductor, en los años 90 del siglo pasado, del programa radial “Metal sobre Metal”, y en la actualidad líder de la agrupación de rock n roll venezolana ARRECHO, palabra que en Venezuela tiene muchos significados, entre los que destacan «algo muy bueno» y «estar molesto») afirma que sigue estando vigente la necesidad de abordar con mayor profundidad temas cercanos a la realidad venezolana, y que es preciso dejar a un lado los elementos simbólicos relacionados con culturas nórdicas o extranjeras, todo ello para darle una identidad propia al metal hecho en este país.

Según Ennio Di Marcantonio, lo que definitivamente corresponde al próximo sendero del metal venezolano es la profesionalización de la creación musical, así como de todos los oficios artísticos relacionados con este género, a tal efecto “todos los músicos, sonidistas, presentadores, diseñadores, fotógrafos, todos, deben prepararse y asumir su rol como profesionales aspirando a una paga digna y defendiendo la calidad de su trabajo”.

A pesar del bloqueo, la pandemia, y las dificultades, el canto de los azules continúa su largo camino guiado por el espíritu de los guerreros de las legiones metaleras de este hermoso país de Latinoamérica.

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