Ni Iglesias ni Ayuso, es la realidad de lo que no se quiere hablar

La llegada de Pablo Iglesias a Madrid corresponde a un intento de recuperar credibilidad mediática y salvar los muebles en Podemos Madrid.

Ya no queda nada por analizar sobre la decisión de Pablo Iglesias de presentarse a las próximas elecciones madrileñas. Y simplificando al máximo lo que sucederá en esta campaña, está claro que no se va a hablar de polarización de izquierda y de derecha. El mundo político está tan “patas arriba” que es imposible afrontar cualquier proceso electoral en esa tesitura.

Todo dependerá del comportamiento de los candidatos, de si cumplen las expectativas con su electorado y no con su campo ideológico, y aún menos con seducir bloques de electores lejanos a sus respectivos espacios partidistas.

Es triste, pero es el devenir de un sistema político local más predispuesto a evolucionar hacia un programa de Sálvame, más que hacia un espacio de debate y reconocimiento de la democracia.

Quizá sí que queda algo por analizar. Y es que justificar este cambio estratégico por parte de Iglesias con el precepto que “se va a Madrid”, para hacer frente a la derecha es todo menos real. Y es un error conceptual para cualquier dirigente de la izquierda argumentar en estos parámetros.

Estamos inmersos en la política polarizada gracias al uso desmesurado del mundo mediático. Las mayorías políticas hoy en día no llegan generalmente al 30% del voto. El entorno social de los partidos consiste en crear credos sostenidos mediante recompensas o incentivos, todo forma una tela materialista que sobrevive por su propia dinámica, cerrados a la obertura.

Queda lejos aquel mundo político en que gentes, tanto a la izquierda como a la derecha, en muchos casos se “hablaban” por una cuestión de supervivencia.

En la actualidad, todos tenemos nuestro coche, tele, libros, casa etc., no necesitamos en muchos casos a ningún familiar ni vecino para tirar adelante con nuestras vidas. Seguramente, antiguamente no disponíamos de los mismos medios para sobrevivir, pero todo aquello que sucedía no sucedía ni en un plató ni en una pantalla de móvil. El contacto humano mantenía en vilo la empatía, los bloques ideológicos -aunque culturalmente en este país obviamos irresponsablemente el comportamiento de muchas autoridades políticas- no se sobreponían, se ganaban la legitimidad.

Parecen muy obvios estos argumentos, pero es harto difícil saber cómo superar este momento, y más aún recuperar ese espacio de contacto humano; nos lo impiden las consignas políticas, los estereotipos fabricados en los media, nuestro ritmo de trabajo, nuestras responsabilidades familiares que vienen condicionadas por nuestro trabajo, nuestras responsabilidades económicas etc.

Y, a esto, volviendo de nuevo al caso Iglesias, nos volveremos a confrontar con un modelo de izquierda perdida en un mar de argumentarios comunicativos, que han apisonado hace años las estrategias políticas; la estrategia es mantener activos a los nuestros.

Iglesias no va a salvar a la izquierda pues la izquierda en Madrid es mucho más que Iglesias. El “efecto Iglesias” consiste en salvar a Iglesias como líder mediático. Si el líder madrileño consigue aumentar sustancialmente el número de representantes de su formación ya será una victoria para ellos. Pero nada se va a mover en el tablero madrileño con esa irrupción, un tanto “Cid Campeador” de Iglesias, no va de eso.

Ayuso, su contraria política, no depende de la aparición de Iglesias para empeorar sus resultados, al contrario, Iglesias es munición para una derecha engorilada con su figura; machacado hasta límites inhumanos, vilipendiado por unos medios que ya hace años que han decidido de qué parte están.

Por lo tanto, la operación Iglesias va de reflotar, aunque sea un poquito, Podemos en Madrid -aunque inicialmente, con su estilo burdo, Iglesias hizo un intento de absorber Más Madrid-. Nada va a cambiar en la derecha más que la munición y los objetivos a los cuales atacar.

Es una brecha grave la que simboliza la polarización política. No permite avanzar, y sería muy revelador conocer con datos económicos lo que significa mantener esta polarización en el seno de una sociedad que vive entre agotada y enganchada a un plató donde los actores y actoras son todos políticos.