La unidad de la izquierda en Ecuador y Perú, riesgos y oportunidades

La unidad de la izquierda es fundamental para la materialización en la realidad objetiva de los intereses de la mayoría social, pero sin respetar los tiempos podría restar en vez de multiplicar.

La unidad de la izquierda siempre es conveniente para la consecución de los intereses de la mayoría social. Sin embargo, el escenario político de cada país o región marca unos tiempos que, de no seguirlos, implicaría que la suma de las diferentes izquierdas reste en vez de multiplicar.

Pasó en España con Unidos Podemos (hoy Unidas Podemos), y muy recientemente en Ecuador, con la Revolución Ciudadana y la CONAIE. En ambos escenarios las dos fuerzas principales de la izquierda venían de disputar el mismo espacio electoral, lo que motivó ataques políticos entre las dos propuestas, poniendo a sus militancias en contra con posiciones enconadas incluso en el odio.

Cultura de unidad

En ese contexto es imposible cerrar un acuerdo por arriba -entre las direcciones de los movimientos- que sea asumido desde el primer momento por las militancias y bases sociales que habían estado años peleando.

Requiere de un tiempo y unas acciones que no responden ante calendarios electorales. La unidad electoral debería ser la última consecuencia de un proceso de unidad en las luchas sociales para que las militancias se encontrasen; de estrategia conjunta en las instituciones para que los cargos se conocieran y observasen los puntos programáticos en común; de tácticas estudiadas de manera conjunta entre las direcciones, para que ambas fuerzas compartieran objetivos.

De esa manera, tanto las militancias como las bases sociales de las diferentes fuerzas, verían la unidad electoral como el siguiente paso lógico entre ellas, tras llevar años de trabajo conjunto en lo social, lo institucional y lo político. Existiría una cultura de unidad.

Oposición en Ecuador

En Ecuador se produjo la unidad días antes de las elecciones, por arriba, sin que las bases pudieran decidir absolutamente nada. Un proceso forzado que no solamente no tuvo el resultado esperado, sino que restó a la baja por la forma en la que se llevó a cabo; sin respetar los tiempos para crear la necesaria cultura de unidad.

Quizá haber anunciado un inicio de negociaciones para determinar un decálogo antineoliberal con el que enfrentar al Gobierno de Lasso en la Asamblea Nacional, y un calendario de movilizaciones conjuntas para rechazar en un primer momento la privatización del Banco Central, hubiera sido un buen comienzo.

Andrés Arauz, líder por derecho propio de la izquierda ecuatoriana, se apresuró considerando que tener el aval del líder del movimiento indígena, conseguiría que la militancia de esa fuerza acudiese a votar por él.

No sucedió, y probablemente muchos de los afectos a la Revolución Ciudadana se quedaron en casa porque en el imaginario colectivo de la izquierda ecuatoriana, todo lo que tiene que ver con Pachakutik significa golpismo, apoyo a Lenín Moreno y Yaku Pérez. La primera vuelta estaba demasiado cerca.

Sin embargo, ya que se ha iniciado ese camino, la vía institucional que se abre ahora para las posiciones progresistas -la base social de CONAIE lo es-, puede ser un comienzo para limar asperezas y trabajar en una unidad que también debe darse en las calles.

Este proceso requerirá, para que dé frutos en el siguiente ciclo electoral, que ambas fuerzas generen algún tipo de coordinación que muestre una verdadera apuesta por la unidad. Ninguna puede imponer su agenda a la otra, ni marcar el camino a seguir unilateralmente, porque quién esté en la posición de debilidad romperá la unidad.

Será necesario que la toma de decisiones sobre los temas más importantes sea de manera conjunta, basadas en una agenda común realizada por las bases. Así, generar movilizaciones conjuntas, en las que las militancias deban encontrarse para organizarlas, llevar iniciativas de ley a la AN redactadas entre los y las asambleístas de los dos movimientos, permitirá que el futuro anuncio de unidad electoral active a las bases y movilice a la base social.

La cultura de unidad genera una ilusión y esperanza social que provoca el desborde electoral, como se observó en Madrid, Barcelona y Zaragoza durante las elecciones municipales de 2015, y en Bolivia, Grecia, Ecuador y Venezuela a lo largo de los últimos diez años.

En todos esos procesos hubo un camino hacia la unidad, -con diferentes características que respondían a las diferentes culturas ante las que respondían-, que partieron de la base del respeto y reconocimiento entre organizaciones, trabajo conjunto de las militancias de las fuerzas participantes, y una unidad programática nacida desde las bases.

Elecciones en Perú

El escenario de Perú es más proclive a que la unidad de la izquierda, al menos, sume aunque no multiplique, ya que antes de la primera vuelta la opción del profesor Pedro Castillo no parecía tener posibilidades, por lo que no ha habido apenas disputa con la otra opción progresista de Verónika Mendoza.

Ante la positiva sorpresa de que una opción de izquierda tenga opciones de disputar la segunda vuelta frente a la derecha, en un país históricamente conservador como Perú, el campo social progresista ha pedido la unidad desde el primer minuto.

Las direcciones de Juntos por el Perú y de Perú Libre ya han iniciado unas conversaciones que están ancladas a la propuesta de la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente, un punto en común importante que garantiza amplias posibilidades de un acuerdo.

Cerrar un acuerdo programático será un primer e importante paso hacia la unidad electoral. A lo que habrá que sumar la entrada de los de Verónika Mendoza en la campaña, aportando cuadros y estructura en favor de Pedro Castillo.

La opción de cerrar un acuerdo programático de mínimos para simplemente pedir el voto e irse a casa sin apoyar en las movilizaciones electorales, no creará cultura de unidad, por lo que los y las electoras de Juntos por el Perú no acudirán a las urnas en verano.

Es fundamental que ambas militancias se encuentren para reconocerse y vincularse a un proyecto que consideren propio.

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