Las principales reivindicaciones de los y las trabajadoras

El Día Internacional de los Trabajadores, ha perdido en muchas ocasiones su carácter reivindicativo. Sin embargo, muchos de los y las trabajadoras tienen exigencias laborales.

El 1º de mayo es la fiesta por antonomasia del movimiento obrero, a nivel mundial, de diferentes causas relacionadas con el trabajo y el ámbito laboral.

Conviene recordar que, aunque nos hemos acostumbrado a la jornada laboral de 8 horas, no siempre ha sido así: hace poco más de un siglo, en las fábricas y centros de producción trabajaban hombres, mujeres y niños, en jornadas de hasta 14 horas diarias, en condiciones miserables.

Fueron muchos los trabajadores que lucharon durante años para conseguir establecer la jornada laboral de 8 horas, pagándolo incluso con sus vidas.

En la actualidad, el Día Internacional de los Trabajadores se ha transformado en una jornada festiva, en ocasiones lúdica, y muchas veces se olvida su significado, en medio de un puente festivo o un día de playa.

Pero no debemos olvidar que la fecha se estableció en homenaje a aquellos que lucharon por mejorar las condiciones de vida y de trabajo de todos los trabajadores y trabajadoras.

La pandemia provocó que en 2020 se conmemorase en un contexto sin precedentes. Frente a los centenares de movilizaciones, por todo el país, y los miles de trabajadores que tomaban las calles en años anteriores, se pasó a unas celebraciones virtuales que mantuvieron el tono reivindicativo. Y parece que este 2021 también va a ser parecido.

Después de lo que parecía una aparente recuperación, tras la crisis de 2008, han bastado unos meses para que la pandemia se haya transformado también en un resurgimiento de la precariedad, la desigualdad y la corrupción, una situación que está socavando gravemente los pilares de la democracia.

Las reivindicaciones del movimiento obrero

Las reivindicaciones defendidas por los trabajadores y trabajadoras son muchas, aunque se repiten año tras año: empleo estable, salarios justos, pensiones dignas, mayor protección social, combatir la pobreza y la desigualdad, solucionar el desempleo masivo, recuperar los derechos y denunciar la corrupción política.

Estas reivindicaciones son un reflejo de la misma situación en que nos encontramos en España. Crisis tras crisis, y la de la pandemia no será la primera ni la última, la recuperación empresarial no se ha trasladado a las condiciones laborales y salariales de las personas trabajadoras: cuando pasa la crisis, España crece, pero la riqueza se reparte cada vez de forma más desigual, y el crecimiento no llega a toda la sociedad. Y es que el discurso de crecimiento económico que defienden los gobiernos esconde una realidad: que excluye a numerosos colectivos sociales.

De ahí que las reivindicaciones de las centrales sindicales pasen siempre por hacer que el crecimiento económico llegue a todos, creando empleo estable y de calidad, devolver el equilibrio de la correlación de fuerzas en la negociación colectiva, reformar el sistema de prestaciones por desempleo, alcanzar un SMI suficiente y estable, que se cierre la brecha salarial, impulsar una reforma fiscal integral y derogar las últimas reformas laborales (un tema largamente pendiente del gobierno progresista).

Es decir, reivindicar un cambio urgente en la política económica y social de este país. Porque es necesario corregir, urgentemente, el desajuste entre los beneficios empresariales y las escasas mejoras que llegan a las personas trabajadoras. Por primera vez en la historia reciente, el hecho de tener un trabajo no contribuye a sacar a esas personas de la pobreza y la precariedad.

Además, la protección social, especialmente la protección por desempleo, ha caído a mínimos históricos. Es necesario más y mejor empleo, hacer otra política económica que no favorezca la desigualdad, y combatir una corrupción que se ha convertido en un fenómeno endémico.

Pronto, el político de turno comenzará a hablar de una cierta recuperación de la economía. Pero, el problema, es que se parte de una gravísima situación en la que quedará el tejido económico y productivo de este país tras la pandemia: en un contexto tan grave, cualquier “brote verde” se convierte en una “recuperación”. Y el problema es, también, cómo salimos de la crisis y evitar los errores del pasado.