Venezuela: emprendimiento y la fagocitación de la comuna

La concepción de "emprendimiento" en el capitalismo implica "negocio" e "individualidad". En la comuna del socialismo Bolivariano significa "colectivo" y "bien común".

El capitalismo debe sobrevivir a toda costa, y su principal mecanismo es mercantilizar las innovaciones. No importa si estas innovaciones provienen del campo político, no importa si son innovaciones en sí mismas. Al capitalismo le vale el pote los “ismos” en todo caso.

En el merchandising actual las implicaciones sociológicas de la marca importan. Los ritos de las culturas tribales, las sintonías con el hype, la biopolítica y los métodos de pago. Por tanto, alerta naranja ante las significaciones y las connotaciones de los términos en nuestro socialismo Bolivariano al enfocar nuestra gestión y sobre todo, nuestros esfuerzos. Les pongo un breve ejemplo: el emprendimiento.

Para muchos, un emprendimiento es un modo de negocio, que suele caracterizarse por la re-venta o auto-producción de un insumo para su comercialización. Las redes sociales han permitido la expansión del público convirtiéndose en el ámbito territorial por excelencia del mercado. Típico del neoliberalismo (no tienen vergüenza alguna en recurrir al estado para capitalizarse) estos emprendimientos han sido financieros en parte por el Estado, y hoy sobreviven bajo estas condiciones.

Esto trae como consecuencia una evidente reacción negativa en la opinión pública y las acusaciones contra el proyecto revolucionario no se hacen esperar: incapacidad, fracaso, obsolescencia, corrupción. Pero, vayamos atrás un tanto, y comenzamos por el principio.

La palabra emprendimiento es mencionada dentro del articulado legal de las comunas en Venezuela como la definición de un esfuerzo colectivo, de carácter comunal y tiene como contexto la aplicación inmediata. No está concebido para un largo plazo, si objetivo es solventar una necesidad detectada en la comuna. Eso es un emprendimiento, según los textos.

Desde allí propongo un cambio conceptual de lo que es el emprendimiento como la voluntad individual de capitalizar los frutos un modo de producción que se destila de la opinión pública. Eso no es un emprendimiento eso es una iniciativa de negocios que nosotros adelantamos, pasará por alianzas, sociedades, para poder subsistir en el futuro.

En el caso de las comunas un emprendimiento posee la cualidad de nacer en asamblea, del ejercicio originario de democracia común. Y los frutos del esfuerzo colectivo se dirigen a solventar una necesidad sentida, común. Son objetivos totalmente divergentes, con puntos de referencia diametralmente opuestos.

¿Cambio cultural? Claro. La iniciativas individuales, la creatividad y la voluntad se destinan a la solución de problemas comunes, y eso es una realidad tan hermosa y tan visible en las raíces de nuestro pueblo que no necesitamos a Adorno ni a Foucault para saber que es posible.

Las implicaciones culturales son inestimables, en tanto que la comuna encarna el ritual primigenio de la raza humana y condiciona de manera ideal la conexión y la empatía. El empoderamiento del ciudadano permite la potencia de la denuncia, el peso de la opinión pública, la contraloría popular.

Las individualidades se encuentran, no importa si el medio es físico o digital. Las nuevas comunidades son grupos de WhatsApp y asambleas de campesinos en el mundo sincrónico del 2021.

Algunos dirán que fundar una empresa es un proceso traumático, para los que comienzan desde cero. Poco capital mucho sufrimiento, mucho sufrimiento es poco socio y muchos socios es ganar menos. Otros que muy bien todo, pero que hay que ganar plata. Que eso de las comunas suena bonito pero ajá. Que tiene que hacer uno.

Yo creo que usted, querida lectora debe comenzar por asimilar que los tiempos cambiaron y que usted sigue siendo el (la) mismo. Que vive en un entorno modificable, que espera por su interés. Que vive además rodeada de seres humanos. Que viven aquí. Y que tienen en común muchas cosas, y que más allá de la pandemia no estamos solos.

Para hacer política en estos tiempos se necesita decencia y paciencia. Somos un pueblo bajo un yugo, castigado por rebelión a punto de recuperar fuerzas. Así lo veo yo, y me disculpan. Y estos valores los tiene mi pueblo en cantidad. En cualquier parte de esta tierra, en cualquier pupila aguerrida.

Confiemos en ellos para hacer el nuevo mundo, con nuestra participación. Los errores de discurso, las ambigüedades, los pantanos teóricos sólo son dados a aquellos que aplican el negacionismo a lo evidente. No caigamos en el error de parecernos, ni siquiera terminológicamente a ellos.