Los dos motivos de la dimisión de Pablo Iglesias

La decisión de Pablo Iglesias, líder de Unidas Podemos, no se entiende sin conocer el contexto mediático, que lo ha sometido a un intenso acoso.

El exlíder de Unidas Podemos (UP), dimitió la misma noche que se conocieron los malos resultados cosechados por su candidatura en las elecciones de Madrid, las mismas en las que la extrema derecha simple y llanamente arrasó.

Mucho se ha escrito sobre el hecho, cargando contra el político que puso patas arriba el escenario político español. Desde diferentes y radicales sectores de la izquierda se le califica como “pusilánime“, desde la derecha, continuando con el matonismo que los medios de comunicación han normalizado contra él, se dice que es un “desertor” y un “cobarde“.

Sin embargo, existen dos motivos que explican la situación, que como siempre no responde a un análisis tan simple como las críticas destructivas formuladas hasta ahora. En un primer momento Pablo Iglesias ha sido víctima de sus propios errores, pero también de la terrible y antidemocrática campaña de acoso que ha tenido que soportar.

Su estrategia basada en el “ahora o nunca” para colarse por la “ventana de oportunidad“, lo ha condenado a un cortoplacismo en el que ha dejado de defender posiciones claves en el imaginario colectivo, que hoy evidencian el mayor dominio de la derecha en el relato.

Lo ha abocado a una apuesta total por lo institucional, porque los recursos no podían dividirse para apostar por la movilización social, lo que condujo a una debilidad organizativa que ha impedido tener unas bases activas que garantizasen un tejido social sobre el que impulsarse.

Por el otro lado, la campaña desatada contra él ha sido demencial, llegando al acoso. Los diferentes casos de corrupción que se han abierto en su contra, han mostrado la degradación de la justicia española, abierta a practicar un lawfare solo posible en repúblicas bananeras como las actuales brasileña y ecuatoriana.

Ninguno ha prosperado, pero las cloacas del Estado español llegan a varios jueces que han aceptado las causas, generando un ruido mediático que se silencia cuando se demuestra que el de Podemos no era culpable de las acusaciones.

Tras años de manipulación mediática, la crispación en torno a su figura ha crecido hasta polarizar a la sociedad y deshumanizar su figura, llegando al punto de que grupos de fascistas lo han acosado en su domicilio durante meses, amenazando y atacando tanto a él como a su familia, normalizando como “jarabe democrático” insultarlo en un espacio público.

Ese desgaste personal, inconcebible en una democracia asentada que reconozca el derecho al honor y a una información veraz, ha sido causa fundamental para la renuncia del exvicepresidente del gobierno, que en los últimos años ha ido encadenando buenas decisiones políticas, como la apuesta por la unidad del campo progresista, la recuperación de muchas de las ideas-fuerza de la izquierda para volver a disputar la hegemonía cultural a la derecha, y la aplicación desde el ejecutivo de medidas de protección social.

La marcha de Pablo Iglesias de la primera línea política no se entiende sin conocer el contexto mediático español, ni se puede analizar sin tener en cuenta el tremendo desgaste emocional y mental provocado por el acoso sufrido.

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