Protestas en Colombia, nada es una casualidad

El Proceso de Paz que experimentó Colombia, no ha sido suficiente para resolver las problemáticas que generan el conflicto social en el país.

Lo que ocurre en Colombia para nada es una casualidad temporal. Ni mucho menos es solo la mano salvaje del presidente Iván Duque que dicta ordenes de matar si hace falta, contra la población civil. Y no son solo protestas contra las nuevas medidas económicas lo que ha provocado el Paro Nacional y la movilización de miles de colombianos.

Colombia es a día de hoy (aunque muchos medios y grandes mandatarios internacionales pasen de este conflicto por el puro interés económico y político), la evidencia de que queda un largo camino para entender las raíces de los conflictos políticos sociales que, en sociedades como la colombiana, también han convivido. Además, con un largo periodo de conflicto armado.

Decidir tomar las armas; matar o destruir no es solo un acto criminal o delincuencial. Todo es más complejo.

No quiero banalizar o blanquear la profundidad de los actos violentos, ni el dolor que han provocado en muchos países la muerte y la pérdida de seres queridos por culpa de estos conflictos armados.

Lo que pretendo es hacer visible, reivindicar incluso, que más allá de la decisión de eliminar y confrontar entre miembros de una misma sociedad, existe una profunda causa que mezcla la situación personal y los enlaces con la colectividad.

Colombia es un ejemplo de que más allá de llegar a un proceso de paz entre las partes en conflicto, continúa muy presente en el país el conflicto social: la diferencia está en que se puede manifestar de distintas maneras, y ya no conlleva solo la participación de actores tan presentes y con gran autoridad como los antiguos miembros de los grupos armados.

El orden de la autoridad pasa a otros actores o factores como estamos viendo día a día en los disturbios entre las autoridades políticas y policiales, y las clases sociales colombianas.

Si echamos un vistazo a la historia de algunos conflictos armados acaecidos en distintas partes del mundo. Salta a la vista de buenas a primeras que, en cada uno de ellos, más allá de sus orígenes y sus consecuencias, existe en todos unos paralelismos en cómo las raíces que explicaron la lucha armada, se manifiestan posteriormente en múltiples maneras. Sin que haya ningún suceso lineal que permita razonar de manera ponderada todo lo que pueda ocurrir.

Las derivadas políticas que conllevan la asunción durante años de conflictos violentos aún están por reconocer y estudiar detenidamente. Lejos de cámaras y lenguas largas de muchos políticos.

A modo de ejemplo, es muy relevante el mal cierre de un periodo muy significativo en Italia como fueron los “años de plomo”.

La confrontación en lo que pasó a denominarse autonomía obrera y las fuerzas del Estado (gobernadas por la todo poderosa Democracia cristiana), acabó con una victoria moral del Estado, con centenares de muertes y presos principalmente militantes de las Brigate Rosse y otros grupos armados izquierdistas.  No hubo ningún tipo de reconciliación, solo confrontación y derrota.

El Estado ganó moralmente sin duda, pero dejó una suerte de dudas en muchos juicios llenos de irregularidades, casos sin cerrar como el de las bombas en Piazza della Loggia (Brescia) por parte de grupos neofascistas, e infinidad de casos sin poderles dar ni luz ni solución, con el dolor que esto comporta aún para muchas familias.

En Italia no se ha debatido sobre este largo periodo y sus consecuencias para el país, es un tema tabú o un tema para periodistas oscurantistas y demás.

Como decía anteriormente, las derivadas de estos procesos conflictuales son muchos y incontrolables. En Italia no tengo la menor duda que “los años de plomo” provocaron la erupción de una red de complicidades corruptas de políticos, jueces y policías que pasó a denominarse “la tangentopoli”.

Un caso escandaloso que solo puede surgir en tiempos de medidas excepcionales políticamente y los años de plomo, fuero excepcionales para este país.

Cabe pensar en otros procesos conflictivos y algunas derivadas que de una manera surgen de ellos: en Irlanda del Norte el conflicto armado, aunque muy minoritario, sigue vivo, y las protestas violentas de estos últimos meses en las calles, no dejan de ser un toque de alerta sobre las malas condiciones sociales y políticas de los habitantes del norte de la isla irlandesa.

En España quedan por resolver las complicidades políticas y parapoliciales en la creación de la lucha contra ETA (Euskadi Ta Askatasuna) a manos de los GAL. Todo un escándalo que aún esconde algunas manos negras que afectan a antiguos altos dirigentes políticos socialistas.

Alberto Fujimori en Perú, hizo gala de su mano dura contra la lucha armada encabezada por Sendero Luminoso, y venció. Pero su autoritarismo que le llevó a ejercer diversos Golpes de Estado, también hizo emerger casos de corrupción como Vladivideo.

La comisión peruana por la verdad y la reconciliación solo ha podido identificar poco más de 30.000 víctimas del conflicto de las casi 50.000 que provocaron este periodo.

Solo pensar que mancan por recuperar la dignidad de estas 20.000 víctimas sin identificar (teniendo en cuenta los datos solo oficiales), la herida sigue muy abierta para con las responsabilidades de Sendero Luminoso, y también para un Estado que se echó a eliminar al contrario con las armas que disponía sin pensárselo dos veces.

Para acabar, volviendo a los disturbios y las movilizaciones en Colombia, después de todo lo expuesto se puede ver cómo en el caso colombiano nada se cierra ni con un proceso de paz.

Las raíces sociales del malestar de las clases sociales no se resuelven solo con grandes acuerdos políticos, y mucho menos se resuelven a tiros y golpes de porra que a fin de cuentas solo sirven para contener o contentar a unos cuantos.

En Colombia cabe preguntarse cómo después de un duro y tortuoso Proceso de Paz, un presidente como Iván Duque es capaz de resolver el malestar profundo de la sociedad a porrazos ¿qué no se ha aprendido en estos largos años de Diálogo por la Paz? , ¿cuál es entonces el límite de los políticos colombianos respecto a su idea de la paz y el diálogo?

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