Machismo femenino, la explicación de la mayor ironía del patriarcado

Es común que en una sociedad patriarcal, el machismo femenino no sea perceptible para algunas mujeres, aquí te damos las claves.

El feminismo como ideología plural y diversa ha tenido como objetivo político transformar la situación de subordinación de las mujeres en todo el mundo. Una lucha que se opone al machismo y al patriarcado como sistema jerárquico de opresión y explotación.

Se busca establecer acciones orientadas a eliminar la desigualdad y opresión de las mujeres, lograr, por tanto, su emancipación y la construcción de una sociedad en la que ya no tengan cabida las discriminaciones por razón de sexo y género.

Siendo el patriarcado un sistema ideológico, económico y social, que coloca al hombre en supremacía, hace que se vincule directamente el machismo con el patriarcado.

Lauri García Dueñas en su trabajo “¿Mujeres machistas?” plantea la hipótesis de que “el patriarcado se actualiza y reifica gracias a los usos y costumbres impuestos por la cultura y que todas y todos tenemos responsabilidad en transformar las condiciones sociales actuales”.

Machismo
¿Cambiar a los bebés es solo responsabilidad de las mujeres? En muchos bares y restaurantes, solo ellas pueden hacerlo Foto : https://www.lavanguardia.com

No todas las mujeres son feministas, ni solamente los hombres son los machistas. No es extraño referir la existencia de mujeres machistas (aunque muchas de ellas no lo sepan) considerando que el machismo es parte del Patriarcado, siendo este el sistema en el que crecemos.

Explica la filósofa Virginia Moratiel en su libro “Madres. Los clanes matriarcales en la sociedad global”: “Me refiero a los clanes comandados por una matriarca despótica que utiliza a su conveniencia criterios patriarcales y matriarcales, según se trate de las relaciones exteriores o internas de la familia. Como resultado, promueve el machismo y la misoginia, a la vez que genera la sumisión de los varones en su propio beneficio, para terminar por destruir psicológicamente a los miembros del grupo, conduciéndolos a la infelicidad, cuando no a trastornos mentales y a toda clase de disfunciones”.

No obstante, las feministas van deconstruyendo ese machismo y rompiendo con las premisas con las que han crecido. En el año 2001, la escritora Gemma Lienas en su libro sobre igualdad y feminismo utilizó una metáfora: “ponerse las gafas violetas”, que refería a mirar el mundo con una mirada crítica desde el punto de vista del género a fin de apreciar las desigualdades entre hombres y mujeres.

Gafas violetas: nueva manera de mirar el mundo para darse cuenta de las situaciones injustas, de desventaja, de menosprecio, etc., hacia la mujer. Esta nueva mirada se consigue cuestionando los valores androcéntricos, es decir, valores que se dan por buenos vistos desde los ojos masculinos. Gemma Lienas.

En este sentido, es importante deconstruir el machismo femenino asumiendo y reconociendo que en ocasiones las mujeres son competitivas, consumistas o no solidarias como respuesta a una carga capitalista y patriarcal que debe ser cuestionada y combatida.

Se debe realizar un ejercicio analítico permanente sobre las prácticas individuales y colectivas, es lo que se refiere a “ponerse las gafas moradas” y mirarse tanto hombres como mujeres.

En ese camino se busca, por ejemplo, que prevalezca la cooperación y no la competitividad femenina en lo laboral, apostar por generar condiciones dignas de trabajo.

Por otra parte revisar la trampa de la dicotomía entre lo mal llamado “productivo” y “reproductivo”, romper con la división sexual del trabajo, tanto en las tareas productivas como en las reproductivas.

Otro elemento importante es el empoderamiento, o dar un paso atrás, según toque, respecto a los espacios de representación que se encuentran enormemente masculinizados.

El cuidado del lenguaje, evitando el elemento sexista que está tan interiorizado. Dejar de criticar a las otras mujeres, cuestionar su moral sexual para así poder liberarse de los roles y estereotipos de género.

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¿Acaso el hombre se ve bien? Foto: dominio público.

A continuación algunos ejemplos de cómo es posible el machismo femenino a través de algunas frases “cotidianas”:

  • Criticar a otras mujeres por su apariencia física y estética: “Con lo hermosa que es de cara y lo gorda que está“.
  • Juzgar a otras mujeres por su vida sexual.
  • Utilizar insultos como “perra”, “puta”, “zorra”, etc. para referirse a otra mujer que no es de nuestro agrado.
  • Criticar la orientación sexual de otras mujeres.
  • Juzgar negativamente a las mujeres en puestos de poder: “¡A saber con quién se ha acostado para conseguir ese puesto!”.
  • Creer que una mujer debe querer siempre ser madre.
  • Juzgar la soltería de otra mujer y cuestionarla, sin tomar en cuenta lo que la persona busca o quiere.
  • Algunas preguntas en una entrevista de trabajo realizadas de mujer a mujer: “¿Tienes familia a tu cargo?” “¿Tienes flexibilidad horaria?” “¿Piensas tener hijos en un futuro próximo?” Y en muchas ocasiones estas preguntas se las formula una mujer a otra.
  • Creer que una mujer no puede quererse o estar cómoda consigo misma por tener un cuerpo no normativo.
  • Rosa para las niñas, azul para los niños“.
  • La hija aprenderá a cocinar y atender a sus familiares hombres“.
  • No puedes salir tanto porque eres mujer“.
  • Qué suerte, tu marido te ayuda en casa“.
  • Los hombres no lloran“.
  • En el restaurante, la cuenta es para él“.

Algunas otras acciones como:

  • Madres castradoras (de su libre albedrío) a sus hijos varones para controlarlos y poseerlos, consciente o inconscientemente.
  • Madres que inculcan a las hijas los usos y costumbres de esclavitud y mansedumbre.
  • Mujeres que han explotado a las trabajadoras del hogar condenándolas a la esclavitud.
  • Madres que construyen un pedestal de privilegios para sus hijos varones.
  • Madres que aman a sus hijos varones ciegamente y a la par ignoran a sus hijas.

Con estos casos no se busca juzgar o culpar sino reconocer hasta que punto, en cada una, habita la carcelera del patriarcado. Por tanto se hace necesario desterrarlo de las vidas cotidianas, de la psique y de los actos; un trabajo que no es fácil pero corresponde a todos y todas.