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El regreso de Millán Astray al callejero evidencia el poso franquista de la democracia

El Ayuntamiento de Madrid, gobernado por el PP de Almeida, apoyado por VOX y Cs, quita del callejero a la maestra Justa Freire para restituir al general fascista Millán Astray.

Remover la tierra en las cunetas españolas es reabrir las heridas; es no saber cerrar página. Rebuscar en las cunetas de España es contradecir el pacto de la Transición; es de los que no saben perdonar.

Cada vez que se desentierran los huesos de los republicanos asesinados por los aliados de Hitler y Mussolini, la carcunda levanta airada su voz contra los españoles que consideran cerrada en falso la herida provocada por los nacionalcatólicos alzados en armas contra la voluntad expresada en las urnas en febrero de 1936.

Nos dicen los historiadores que uno de los detalles que nos empezaron a diferenciar del resto de los seres vivos que poblaban la tierra, fue el enterramiento de nuestros congéneres. Y hoy en día sigue siendo un acto solemne, es casi el único acto religioso al que los ateos acuden a los templos, para acompañar a los familiares del difunto.

Todavía quedan hijos de republicanos que quieren enterrar dignamente a sus padres, y miles de nietos quieren honrar la memoria de sus abuelos. Es un derecho que las organizaciones internacionales exigen cumplir a los sucesivos gobiernos de PSOE y PP, pero como la exigencia no comporta la modificación del artículo 135 de la Constitución del 78 en detrimento de la clase obrera, ambas organizaciones borbónicas hacen oídos sordos.

Hasta ahora me he referido a dignificar a aquellos que lucharon por la República o simplemente simpatizaban con ella. Esto no conmueve a los herederos de los vencedores, es una pesadez esto de los huesos de los abuelos, tan católicos casi todos ellos.

¡Eso sí, que no les toquen el callejero! La voz contra el cambio de una calle dedicada al fascismo ya no es airada, es amenazadora. Sus padres y abuelos no ganaron una guerra para esto, para que vengan los rojos derrotados a deshonrar a sus cruzados del glorioso movimiento nacional arrancándolos del callejero.

¡Honra a los que dieron su vida por dios, la patria y el rey!, gritan los nostálgicos con las carnes abiertas, que no cicatrices porque tempranamente sus ascendientes las cerraron con el latrocinio y genocidio contra los republicanos.

Las leyes están para saltárselas, pero si llegan los irreconciliables y las cumplen, los nostálgicos descendientes de sangre o ideológicos, que de todo hay, tienen un as en la manga para hacer trampas.

Ese as pasa a una manga con puñetas que devolverá las aguas a su cauce, que no es otro que el reconocimiento de que el Régimen del 39 parió sin dolor al Régimen del 78, y los héroes del primero siguen siéndolo del segundo.

El gatopardismo se aplica a todo, no hay excepciones, ni los héroes cambian. Mal país esta España que devuelve el nombre de una calle dedicada a una maestra del pueblo a un general que se atrevió a soltar lo de «viva la muerte«, el mayor desprecio que se puede tener a la vida ajena.

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