Derechos de las mujeres: similitudes del régimen talibán y el ultracatolicismo

Ambos sistemas reducen a la mujer a objetos, ejerciendo todo tipo de violencia contra ellas. Es aplicado el patriarcado en su forma religiosa y social.

Se sabe que el patriarcado es un sistema de dominación estructural y permanente contra las mujeres, las niñas, los niños y los sectores más vulnerables de la sociedad, basado en la masculinidad hegemónica.

De igual manera es considerado como el fundamento del poder de los varones, de la sumisión de las mujeres, de la legitimación de la discriminación. Y uno de los componentes que lo caracterizan es la violencia de género, ya que el varón es el único referente de lo humano y de los valores morales.

Por otra parte, se destaca el uso del concepto “hombre” para referirse a los varones y a las mujeres, negando que dicha etiqueta sea excluyente porque se entiende que es genérico.

El sistema de dominación patriarcal no actúa en solitario y aisladamente, independientemente de la doctrina religiosa que lo promueva, como lo hizo el régimen talibán y las sectas ultracatólicas.

A su vez, estos movimientos casi siempre se encuentran en un entramado de complicidad y alianza con otros modelos de dominación: el capitalismo, el colonialismo, el racismo, el imperialismo, el fundamentalismo, la depredación de la naturaleza, la homofobia, la xenofobia y el racismo.

Por lo tanto, genera múltiples formas de desigualdad y discriminación dando lugar a la interseccionalidad de género, etnia, cultura, clase y sexualidad.

Las religiones son uno de los últimos, más resistentes e influyentes, bastiones en el mantenimiento de un tercer tipo de patriarcado.

Este tipo de sistema de sometimiento y discriminación se encuentra basado principalmente en la masculinidad sagrada como fundamento de la inferioridad de las mujeres y de su dominio por parte de los hombres.

Las similitudes del régimen talibán y el ultracatolicismo

El patriarcado religioso tiende a legitimar, reforzar y prolongar el patriarcado social, político y económico.

Asimismo, rechazan el feminismo y lo hacen responsables de la violencia contra las mujeres, también condenan los movimientos de emancipación de las mujeres y sus reivindicaciones.

Este sistema se opone a los derechos sexuales y reproductivos, por lo que son contrarios a la educación afectivo-sexual en las escuelas.

Coinciden en que no suelen reconocer a las mujeres como sujetos religiosos, morales y teológicos. Las reducen a objetos, colonizan sus cuerpos y sus mentes, ejercen todo tipo de violencia contra ellas: física, psicológica, religiosa, simbólica.

Sin embargo, son muchas mujeres quienes suelen ser las más fieles seguidoras de los preceptos religiosos, las mejores educadoras en las diferentes creencias religiosas y las que a veces mejor reproducen la estructura patriarcal de las religiones.

En las corrientes más conservadoras y rigoristas del Islam, la mujer es vista como fuente de desorden. Además, es obligada a cubrirse (dependiendo del tipo de velo) porque el cuerpo femenino es mal visto, siendo alusivo al “pecado“, algo que no es exclusivo de este monoteísmo.

Pero el Islam no debe ser colocado en el punto de mira como religión más discriminatoria, sostiene la intelectual tunecina Latifa Lakhdar. “Esa idea revela una cierta ignorancia“.

La religión musulmana, que representa el monoteísmo más reciente, se sitúa en continuidad con los otros dos monoteísmos que lo han precedido.

El judaísmo rabínico y el cristianismo de San Pablo no son más igualitarios respecto de las mujeres. “Lo que marca la diferencia no es algo intrínseco a la esencia de la religión en cuestión, sino más bien el proceso sociopolítico propio en que se inserta“, cuenta Lakhdar.

El papel de la mujer en las Iglesias actuales varía, pues, entre la reivindicación de la paridad y la violación de sus derechos en nombre de la religión.

Zapfl-Helbling recordó en su alocución que la porosidad de los límites entre Estado e Iglesias permite, a veces, que también los no creyentes sufran el impacto de políticas restrictivas.

Todavía se mantienen vigentes las leyes inspiradas en códigos religiosos, como el ejemplo de las legislaciones de países como Malta e Irlanda, eminentemente católicos, o el referéndum sobre la ley de fertilidad asistida en Italia, en 2005.