11S: la excusa del Gobierno para desarrollar sus intereses con EEUU

Tras el atentado del 11S, España afianzó su cooperación con EEUU con el fin de asentar su política antiislámica y antinmigrante.

El 11 de septiembre es una fecha que quedó grabada como una cicatriz en las memorias tanto de los ciudadanos norteamericanos (EEUU), como en las del resto de la humanidad.

Los cuatro atentados coordinados en 2001 en los que perdieron la vida casi 3.000 personas, es un evento que difícilmente será olvidado, más aún cuando marcó un antes y después en la historia de un país.

Al mismo tiempo, planteó un hito para los demás gobiernos que fueron espectadores de la tragedia. Un enemigo común: el terrorismo.

Tal hecho llevó a la destacada y relevante Ley Patriota, aprobada por el Congreso y firmada poco más de un mes después de los ataques.

Pero hubo un auténtico torrente de iniciativas legislativas y ejecutivas (más de 130 presentadas), de las que 48 acabaron convertidas en leyes o resoluciones. La Ley Patriota dio autoridad sin precedentes, tanto a agencias de la ley de EEUU como a la comunidad de inteligencia, para “combatir” e investigar el terrorismo.

Expandiendo programas de vigilancia de organismos como la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) y abriendo las puertas a otras polémicas medidas, como la Ley de Tratamiento de Detenidos de 2005 y la Ley de Comisiones Militares de 2006.

En respuesta a los atentados, además, se reestructuró el Gobierno, al que se añadió el Departamento de Seguridad Nacional, que aglutinó a otras agencias como el servicio de Inmigración.

España y el terrorismo

Ciertamente no fue muy sorpresivo que tiempo después, España se viera vulnerable ante la creciente amenaza.

La comisión de investigación sobre los atentados terroristas del 11 de marzo del 2004, que causaron 193 muertos, se creó en el Congreso de los Diputados por unanimidad.

Todos los grupos consideraron que la tragedia, con su impacto en las elecciones generales de tres días después, debido al enorme rechazo ciudadano que suscitó la gestión que llevó a cabo el Gobierno de José María Aznar, merecía un organismo parlamentario de este tipo.

A partir de ahí no hubo consenso posible. Por un lado estuvo el PP y por otro el resto de partidos (PSOE, IU, CiU, ERC, PNV y CHA), que al final, ocho meses después de que se constituyera la comisión, aprobaron unas medidas.

Con su insistencia en vincular a ETA en el atentado pese a que todos los datos señalaban al terrorismo islámico, Aznar “manipuló” y “tergiversó” la información tras la masacre con fines electorales.

La gestión, concluyó el documento, fue “egoísta” e “impropia de un Gobierno en democracia”.

Lejos de admitir algún error en la gestión del 11-M, Aznar acusó al PSOE de “aprovecharse para ganar las elecciones” mientras él “intentaba detener a los criminales”.

Pidió que se investigase la presunta relación entre ETA y el terrorismo yihadista. Por otro lado, Zapatero le contestó desde el mismo asiento dos semanas más tarde.

Poner en duda que se está investigando es una irresponsabilidad, como decir que los autores no están en montañas y desiertos. Es verdad. Estaban en Lavapiés, en Leganés y en Morata de Tajuña”.

Pero todo quedó eclipsado por la voz de la presidenta de la Asociación 11-M Afectados del Terrorismo.

Han hecho política de patio escolar. Venimos a reprocharles sus actitudes de aclamación, jaleos y vítores en esta comisión, como si de un partido de fútbol se tratara”.

Los ataques del 11 de septiembre de 2001 marcaron un antes y un después en la historia reciente.

Acciones de los principales líderes políticos

El primero en abordar es José Luis Rodríguez Zapatero, quien fue presidente del Gobierno desde el 2004 hasta el 2011 y posibilitó su triunfo en las urnas utilizando como principal factor los ataques.

Aunque el 11S abrió el siglo con un acontecimiento que iba a marcarlo decisivamente, este personaje dio un giro al tablero político, obteniendo ventaja.

Si bien, dicho escenario era muy difícil de imaginar, debido a la gran fortaleza de Estados Unidos, al ser herida ante un enemigo de incierta identificación y localización definió un punto de ruptura.

Pudo haber sido un momento propicio para tomar la delantera en la carrera de las potencias más importantes del mundo. Al mismo tiempo en que se establecen alianzas y acuerdos con objetivos comunes que benefician a las partes involucradas.

En segundo lugar, se puede mencionar a José María Aznar, quien fue uno de los grandes amigos de George W. Bush, y si utilizó los recursos disponibles para forjar una “amistad” con EEUU.

El expresidente español, que estaba al frente de La Moncloa cuando se registraron en EEUU los atentados del 11-S, se convirtió en uno de los aliados incondicionales de la Casa Blanca en la autodenominada “lucha global contra el terror“, que desencadenó la guerra de Afganistán.

En el marco de su “generosidad“, Aznar ofreció rápidamente a Bush todo tipo de apoyo militar para esa contienda bélica.

Por ello, el gobierno del PP aprovechó el clima creado tras los atentados de las Torres Gemelas para establecer “una cooperación sin precedentes” con Estados Unidos.

Todo esto “en materia policial, judicial y de inteligencia” con el propósito de afianzar las vías de colaboración. No en vano, remarcaban que la “cooperación antiterrorista con EEUU” se había “acelerado” tras los ataques a las Torres Gemelas.