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La indiferencia de Iván Duque a la crisis de migrantes haitianos

Han pasado días desde que la situación en Necoclí con los migrantes haitianos se volvió un tema humanitario, Iván duque sigue sin dar una solución.

En la población de Necoclí, ubicada al norte de Colombia, se aglomeran actualmente cerca de 20.000 migrantes haitianos con el fin de cruzar a Panamá y con la esperanza de llegar a Estados Unidos y México.

Como objetivo y destino inmediato se han trazado cruzar la compleja selva del Darién hacia Panamá y así avanzar hacia Centroamérica. Situación riesgosa ya que de los 20.000 migrantes, 15.000 son infantes.

Algunos medios del país neogranadino indicaron que entre agosto y los primeros días de septiembre llegaron al país más de 34.000 migrantes. En el municipio de Acandí llegan alrededor de 500 migrantes diarios trasladados desde Necoclí en Antioquia.

Migrantes de Haití entran a abordar un bote para dejar Necoclí, Colombia. Miles de ellos permanecían varados allí por falta de transporte. Foto: Joaquin Sarmiento /AFP

En el mes de agosto los gobiernos de Colombia y Panamá establecieron un acuerdo a fin de permitir el paso de 500 migrantes diarios hacia El Darién.

Mas allá de que Colombia sea en este momento una ruta de tránsito de migrantes haitianos, toda esta situación enciende una alerta ante el drama humanitario de estos migrantes en el país suramericano y en la región.

La crisis humanitaria que atraviesan estos migrantes haitianos en Colombia se traduce en falta de agua potable, ausencia de asistencia médica por colapso de los hospitales, incapacidad de costear alojamiento que los ha llevado a improvisar campamentos en la playa, ausencia de pasaje de lancha para viajar hasta Acandí (municipio colombiano ubicado en el extremo norte del departamento de Chocó), que sería el último pueblo en pisar antes de arriesgarse a cruzar por la Selva Darién mediante traficantes, porque otra realidad es que las mafias y grupos criminales asedian a los migrantes.

En carpas y en la playa están viviendo estos migrantes varados en Necoclí, Urabá antioqueño. Foto: https://www.elcolombiano.com

Al revisar diversos medios de comunicación resulta sumamente escaso hallar pronunciamientos del presidente Iván Duque, lo que refleja la indiferencia del mandatario colombiano ante el drama migratorio de los haitianos, siendo Haití el primer país que se liberó del colonialismo europeo en América y hoy el más pobre de América Latina y el Caribe.

Hoy en día los migrantes de esas enormes caravanas son los más vulnerables de nuestros pueblos, carecen de empleo, vivienda, atención médica y sufren hambre y pobreza. Pero también son los más expuestos a la corrupción de las autoridades migratorias y su perversa asociación con la delincuencia organizada. Es uno de los drama más impactantes de nuestra América, a la cual la derecha latinoamericana no le interesa ni le preocupa en lo más mínimo. Adalberto Santana.

El pasado 29 de julio el presidente colombiano Iván Duque, en una charla virtual en el Council of Foreign Relations de Nueva York, consideró necesario hacer más para frenar a los barcos que están trayendo a estas personas desde otras partes del mundo, pero también impulsar las oportunidades económicas en países de origen como Haití. Por tanto, insistió que «eso también implica que es una situación regional«.

Esto no es algo que Colombia pueda frenar en solitario, «Tenemos que poner más controles, tenemos que poder cooperar con Panamá y otros países”. Asimismo subrayó que lo que se está viendo ahora mismo «no es nuevo«, sino algo que ha venido sucediendo «de forma regular».

A dos meses de la anterior intervención, Duque aparece en su última intervención como presidente de Colombia ante la Asamblea general de la ONU, y mas que aprovechar el espacio para reflejar avances y plantear nuevas propuestas ante la compleja crisis migratoria, se abocó a criticar al gobierno venezolano por el diálogo que esta desarrollándose en México entre la oposición y el gobierno del presidente Nicolás Maduro.

Las respuestas no se hicieron esperar, la canciller panameña Erika Mouynes declaró al medio AP que lleva tiempo pidiendo “corresponsabilidad”, es decir, que países latinoamericanos (incluido Colombia) y Estados Unidos alimenten a los migrantes, les hagan pruebas médicas y biométricas ya que Panamá, aseguró, es el primer país al que llegan que hace estos exámenes médicos.

Nos han tocado también personas que tienen problemas y alertas de Interpol y demás, que, nuevamente, nadie sabía, o sea, nadie identifica realmente. Panamá se vuelve el filtro de todo esto”, indicó Mouynes.

La intervención de Mouynes aflora la ausencia de apoyo por parte de las actuales políticas de gobierno de Iván Duque. Por lo que los directivos del Servicio Nacional de Migración de Panamá plantean que la situación debe tratarse como una crisis de carácter regional.

Entre los migrantes ha crecido el número de mujeres embarazadas, ancianos y niños, considerados grupos vulnerables. Foto: El confidencial

Fabiola Pintado, gestora de actividades médicas de Médicos sin Fronteras (MSF) dice que “Los migrantes lo que más necesitan son rutas seguras y dignas. Desde mi punto de vista, esa ruta no puede pasar por el Darién, ya no es por la cantidad de actos criminales que se producen, los asaltos y la violencia sexual, sino también el propio Darién, que es un camino extremadamente difícil, la gente arriesga sus vidas para cruzarlo”.

Desde lo moral y humano, urge que broten decisiones políticas de los gobernantes por la solidaridad de los humildes migrantes haitianos quienes habían emigrado tras el terremoto de 2010 que dejó unos 200.000 muertos en Haití.

Aunque tenían una vida hecha en países como Brasil y Chile donde fueron acogidos, los testimonios aseguran que han salido debido al desempleo o dificultades para renovar sus permisos de trabajo en medio de la pandemia del COVID-19. Otros, tan solo desean reunirse con sus familias en Estados Unidos.

La crisis migratoria es consecuencia de un sistema en decadencia, el capitalismo, que ha generado la gran concentración de la riqueza en pocas manos, recrudecimiento de la pobreza en diversas regiones como África y América Central.

El saldo de estas migraciones del siglo XXI son las pérdidas de vidas, destrucción de familias y comunidades, así como migrantes enfrentados a la incomprensión, rechazo, xenofobia tal como lo ocurrido recientemente en Chile.