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Ucrania, la línea roja de Putin

Prestando atención más allá de la retorica narrativa de la guerra, encontramos en los usos de la memoria importantes hallazgos.

Toda guerra trae consigo, fantasmas y temores tanto en los pobladores de los territorios en disputa como en los responsables de tomar las decisiones tácticas eficaces o erradas en el plano político. Ucrania no es la excepción.

 

Lo táctico

La presencia del ejército ruso en este país, ha cambiado en varios sentidos sus tácticas iniciales, concentrándose abiertamente en puntos geopolíticamente vitales y apalancándose en las razones de Estado, dirigidas según su lógica a salvaguardar derechos, territorios y sobre todo detener la voraz arremetida de occidente en su línea de protección geográfica.

A primera vista, es un conflicto que parece tener su peso específico en los hidrocarburos. Una muestra de ello ha sido la huella que ha dejado en las economías mundiales y en los precios en alza permanente de los combustibles fósiles, que siguen alimentando hasta ahora la esencia depredadora del sistema capitalista.

 

Lo estratégico

Sin embargo, mirando un poco más de cerca, prestando atención más allá de la retórica narrativa de la guerra; encontramos en los usos de la memoria importantes hallazgos que arrojan luz sobre los motivos de la embestida que actualmente dirige el Kremlin, ante una de sus ex repúblicas y forman parte del tejido en el plano diplomático que esgrime Vladimir Putin.

Los objetivos rusos en Ucrania son actualmente la desmilitarización, la protección de su seguridad nacional, la          desnazificación político territorial de Ucrania, entre otros.

Estos se cruzan con hechos históricos como la creación de la Organización del Tratado Atlántico Norte en 1949, la Guerra Fría, el muro de Berlín, la reunificación alemana, el pacto de Varsovia, Europa occidental y sus deseos de adhesión hacia el este.

Un tronco común

Todos estos elementos, atraviesan transversalmente el proceso de creación de identidad de estas naciones. En el caso ruso y ucraniano es incluso ancestral, ambos comparten un tronco común: ser pueblos eslavos.

Esta construcción identitaria compartida, es una de las grandes fuerzas invisibles que circundan y dan espíritu de cuerpo al actual conflicto.

El desmembramiento de la ex Unión Soviética, dividió espacialmente estos territorios. Sin embargo, el hecho de compartir, idioma, alimentos, concepciones religiosas entre otros procesos culturales, convierte a las fronteras entre ambos países en lugaridades líquidas, donde permean interés, relaciones de parentesco, etc.

Es por esto que las apetencias occidentales chocan con los intereses del oso ruso. Los procesos de adhesión entre la Unión europea y las ex repúblicas soviéticas llevados a cabo a partir de los noventa hasta ahora, tuvieron poco impacto en lo que a espacio capital ruso se refiere. Sin embargo, la ubicación Ucraniana y sus recursos naturales no son parte de esta posibilidad.

Por otro lado, a pesar de ser ambos gobiernos, el ruso y el ucraniano de carácter ultranacionalista y tras haber perdido el primero su ligazón político territorial con Ucrania; los sueños de adhesión de Volodimir Zelenski rompen incluso con los estatutos internacionales vigentes hasta ahora, siendo este argumento el principal de Putin.

Neonazis

La llegada al andamiaje electoral ucraniano en el 2014 de un partido de naturaleza neo fascista, con un profundo carácter ultranacionalista y contradictoriamente colaboracionista, comenzó a generar cierta influencia en la agenda interior de Ucrania, a pesar de contar con números muy bajos de intención de votos, tan sólo un 2 % de sus líneas de acción y creación en la arquitectura opositora de ese país, chocó con todo el aparato corrupto, clientelar y poco politizado de Ucrania.

Esto trajo una vieja y conocida visión, la simpatía de las capas más fanáticas de la población ucraniana y la inclusión de cientos de manifestaciones racistas, profundamente procaces y terribles contra los grupos más vulnerables de la población, siendo las mujeres las que han recibido la peor parte tanto en sus cuerpos como en la desoladora redifusión de las imágenes de su maltrato.