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El govern se rompe en Catalunya; el independentismo continuará

La salida de Junts del Govern, deja un escenario intranquilo y de cierta confusión. Lo que suceda en el futuro es una incógnita, pero habrá que estar atentos a los próximos pasos políticos.

La decisión de salir del govern por parte de la militancia de Junts per Catalunya es legítima. Creo que pensando en su futuro esta decisión es un autogol, pero es su decisión, no es ni mi ámbito ni mi sector político, y solo haría que soltar elucubraciones tendenciosas que no servirían para los lectores de este diario.

La verdad es que, con tantos líos entre ambos socios, lo mejor es separarse. Ciertamente, la unidad independentista a nivel partidista se ha roto. Diría más, la ruptura ya venía de lejos y ambos partidos la iban cociendo a fuego lento.

Visión de la salida de Junts

La salida de los conservadores les pilla mal. Son una formación electoralmente a la baja, fagocitado internamente, con su líder más carismático en el exilio -por vergüenza del Estado y de los partidos- y con un discurso muy “a la trena” en lo que respecta a la legitimidad independentista. ¿ERC va a recoger sus frutos? Eso ya se verá, en política nunca se sabe.

Yo les entiendo a JxCat ¿por qué no entenderlos? Un 56% de los casi 7.000 militantes de esta formación favorables a marchar del govern son muchos. El cabreo estaba en lo más interior de los suyos.

Con este resultado está claro que se dilapida un savoir faire convergent, pujolista diría yo, que mantenía la teoría tan catalana de nadar i guardar la roba, esto es, mejor estar que no estar en primera fila como recurso político.

Dicho esto, el panorama es desolador, vergonzoso diría. Salir en este preciso momento, con la que está cayendo, es irresponsable pero no es una catástrofe.

La posición del resto

El PSC se friega las manos pensando en sacar tajada de este vodevil que ha acabado peor que el final de Juego de Tronos. Ya veremos si lo de los socialistas en las próximas elecciones son solo un soufflé, o bien un repliegue de votos recogidos de Ciudadanos y ese PP catalán casi marginal.

Los comuns se dejan querer, pero son insuficientes sus votos para ERC. Y a pesar de este factor, creo que en ellos hay una esperanza en pensar que, en el marco de un proceso de diálogo, repito, proceso de diálogo, se puede llegar a una entente no tan solo partidista, también cultural. Cabe pensar en esto como un acuerdo de comprensión de los orígenes históricos de ambas tradiciones políticas, con la mirada puesta en transformar desde cualquier ámbito, estatal o catalán. Lo importante es pelear juntos para cambiar algo.

La CUP, sorprendentemente, acusa sin asumir responsabilidades cuando se ha dejado tomar el pelo por los dos partidos en el govern, permitiendo así, volver a un punto de partida entre lo irrelevante y lo surrealista -ellos eran una esperanza-.

Aunque nada ya va a ser igual en el escenario político catalán, no cabe pensar que el final de una época conllevará el final de una creencia política de millones de ciudadanos.

El «problema catalán»

Me sorprende aún ver que se sigue mirando al mal denominado “problema catalán”, como una suerte de enfermedad donde depende más la temperatura de la criatura que su bienestar en conjunto. Y aún me sorprende más escuchar a dirigentes provenientes de la izquierda, que usan el sesgo casi étnico para calificarnos a los independentistas -un conglomerado que conforma mayorías en Catalunya-, como hijos de los padres del conservadurismo rancio y paternalista de Cambó y Prat de la Riba, como si no tuviéramos nuestro pasado político ni criterio propio.

También me resulta como mínimo curioso ver cómo algunos medios de comunicación propios del statu quo catalán, como también español, tergiversan palabras y realidades para poner el foco de aquello que habla de “la estabilidad política”, en contra de lo que representa lo inestable, reaccionario, casi amenazador para la democracia -léase JxCat, CUP, ANC, Puigdemont-. Es un falso debate, incompleto, que de nuevo nos pone a todos en una tesitura de buenos y malos, de blanco y negro. En este asunto incluyo desde TV3, pasando por La Vanguardia hasta eldiario.es. Aquí no se salva nadie.

La pregunta clave es qué pasará en el futuro político de Catalunya. Lo mejor es no pensar demasiado, ni hacer cábalas imposibles.

A corto plazo

Sin duda, Junts se va a la oposición y le queda un tiempo para arreglar su casita internamente, pero sería un error obviar una manera de pensar que se ha instalado para quedarse en el escenario político catalán, que es esta mezcla entre simbolismo, gestión y tremendismo reactivo. No es una broma lo que representa JxCat, es un movimiento que propugna sus nuevos principios en el procés, pero que tiene unas raíces históricas innegables. Caer otra vez en marginar el electorado de Junts sería caer en el error que cometió el Tripartit (PSC, ERC, ICV).

ERC tiene el viento a su favor y muchos medios ahora lo identifican como un actor “de equilibrio sistémico”. Veremos si esto es suficiente para tirar adelante ahora y en las próximas elecciones autonómicas, puesto que por más que quieran desde ERC vender su propuesta estrella como única e inamovible -la mesa de diálogo que solo se ha reunido dos veces y no se sabe para qué-, su base propositiva a ojos de un movimiento político como el independentista, con las que nos ha caído desde Madrid, parece como mínimo insuficiente. Existe un vacío propositivo en ellos.

Los próximos meses del movimiento independentista

Queda también por ver cuál será el futuro del movimiento social independentista. Creo, honestamente, que en Catalunya no hemos sabido aprovechar la inercia post 1-O para generar espacios de debate, de construcción y de crítica paralelos o alternativos. Pues, hubieran podido ampliar y contrarrestar un modelo político y mediático demasiado anclado en tiempos pasados y gente pasada.

Cabe la posibilidad que aquello que hemos conocido como proyecto independentista se transforme en un complejo espacio donde quepan proyectos de defensa de lo local, de proyección de política nacional, de movilización puntual o de organización simplemente social.

También las reivindicaciones históricas de los independentistas han caído en un pozo. La clave en este cambio de ciclo es pensar que jugará a caballo ganador quien sepa estructurar ideas de futuro con activos con futuro. En esto, tanto ERC como JxCat van perdidos.

Porque los independentistas debemos asumir que en los más de diez años que hemos gobernado, tampoco hemos podido avanzar lo que deseábamos, muchas veces por culpa del Estado y sus mezquinos intereses, y a veces, por que como decimos en catalán: hem somiat truites.