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En pandemia la desigualdad que afecta a las mujeres se incrementó

La pandemia del COVID-19 ha profundizado una serie de desigualdades en la sociedad a nivel mundial. Por ejemplo, un fenómeno que ha crecido a partir de la política del confinamiento global o aislamiento social es el aumento de los femicidios (como parte de las desigualdades sexistas).

Según la última información publicada por la CEPAL, 4.555 mujeres fueron víctimas de femicidio o feminicidio en 2019, en 15 países de América Latina y 4 del Caribe. Sin embargo, si a esta cifra añadimos los datos de los 5 países de la región que solo registran los feminicidios cometidos a manos de la pareja o expareja de la víctima, es decir: Barbados, Chile -hasta comienzos de 2020-, Nicaragua, Puerto Rico y Suriname, se puede afirmar que el total de feminicidios ha sido de 4.640 mujeres para 2019. CEPAL, 2020.

El Mapa Latinoamericano de Feminicidios (MLF) de la Asociación Civil Franco-Argentina “MundoSur” registró para el año 2019, 5.432 feminicidios; en 2020: 5.457 feminicidios y en el transcurso del 2021, 1.445 feminicidios.

En América del Sur y el Caribe, “Mundo Sur” contabilizó en su informe de Marzo del 2021, 1381 femicidios en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, México, Paraguay, Perú, Puerto Rico y Venezuela durante los períodos de confinamiento de cada uno de estos países.

Manifestantes marchan contra la violencia de género con pañuelos verdes en Plaza de la Dignidad, Santiago, durante las protestas masivas en Chile en noviembre de 2019. Foto: Karla Riveros / Wikimedia.

Además del incremento de la violencia de género, otros impactos de la crisis sanitaria que se pueden mencionar son la crisis del cuidado (el aumento de la explotación silenciada del trabajo de cuidado no remunerado), el desigual acceso a servicios sanitarios y políticas compensatorias, y el impacto en las economías formales e informales son un común denominador en la vida de las mujeres, tal como refiere la Red de Educación Popular entre Mujeres de Latinoamérica y el Caribe (REPEM).

Actualmente, diversos estudios feministas discuten las consecuencias económicas, sociales y políticas resultado del confinamiento que se ha adoptado para sobrellevar la crisis sanitaria mundial. “El aislamiento social impuesto, para evitar la proliferación del contagio del COVID-19, se ha montado sobre una narrativa patriarcal negadora del trabajo reproductivo no remunerado”, afirma Paula Andrea Lenguita (2021) en su artículo Luchas feministas, cuidados y comunidad en la post-pandemia”.

En esta compleja situación sanitaria mundial se ha potenciado el controlar la vida, el tiempo y el trabajo de las mujeres en el hogar; este espacio queda construido como un territorio de domesticación femenina, tal como refiere Silvia Federici (2018) en su trabajo “El patriarcado del salario. Críticas feministas al marxismo”.

Decenas de mujeres marcharon en Quito este 7 de marzo de 2021, en conmemoración del Día Internacional de la Mujer. Foto: José Jácome / EFE.

El “quedarse en casa” ha significado para muchas mujeres un infierno agobiante de disciplina entre el trabajo remunerado y no remunerado en el hogar. Comparando la situación actual con la estudiada en el pasado, se observa cómo el trabajo en casa acarrea consecuencias cardinales en la economía silenciada de las mujeres en el hogar (Lenguita, 2005). Según un reciente informe del gobierno nacional (Ministerio de Economía, 2020), la economía ha desplegado un enorme trabajo doméstico y reproductivo, que mayormente recae en las espaldas de las mujeres. Paula Andrea Lenguita.

Considerando la modalidad del teletrabajo (implementada en pandemia) que se ha extendido tanto en la administración pública como privada y la clausura de los espacios de cuidado, han traído la visible consecuencia de la extensión de la jornada de trabajo en el hogar; elementos que son silenciados por la ideología patriarcal que niega la relevancia de la magnitud del trabajo reproductivo no remunerado.

Ante este escenario que trae como consecuencia el apoyo al desenvolvimiento de la producción capitalista, otra línea de lucha feminista sindicalista apunta al ataque de la misoginia y el abuso patronal, conformando una fuerte representación de mujeres en defensa de la fuerza del trabajo reproductivo desarrollado en pandemia. Adicionalmente, la mujeres tienen la tarea de combatir contra la naturalización cómplice sobre las tareas de cuidado, que en su mayoría realizan las mujeres.

Las organizaciones sindicales tienen a muy pocas mujeres en cargos de jerarquía y toma de decisiones pero ellas ahí están dando la pelea en uno de los espacios más resistentes a la infiltración feminista que insiste con desarmar esas desigualdades e inequidades históricas. Foto: https://www.elcohetealaluna.com/

De cara a la post-pandemia, los desafíos de la lucha feminista se enfilan a construir una alternativa feminista a la crisis civilizatoria actual, desmontando el tipo de trabajo reproductivo que contribuye a la producción capitalista.

Maristella Svampa en su estudio “Reflexiones para un mundo post-coronavirus” refiere a la necesidad de abrir “un proceso de liberación cognitiva, a través del cual puede activarse interseccionalidad entre nuevas y viejas luchas (sociales, étnicas, feministas y ecologistas), todo lo cual puede conducirnos a las puertas de un pensamiento holístico, integral, transformador, hasta hoy negado”.

Las mujeres, como protagonistas, están en la búsqueda de alternativas desde una perspectiva de género para afrontar este momento histórico, donde se hace fundamental lograr el reconocimiento y el respeto del otro. Se trata de la supervivencia de la vida en el planeta y donde se debe colocar en el centro temas como la interdependencia, reciprocidad y complementariedad.