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La polémica del 12O: no hay nada que celebrar

El Día de la Hispanidad recuerda a un imperio que hace ya mucho que no existe, con un ritual militarista que recuerda una exaltación bélica innecesaria y una reafirmación de la mirada colonial sobre América Latina.

El Día de la Hispanidad o Día de la Raza, como se denominaba durante la larga noche del franquismo, recuerda a un imperio que hace ya mucho que no existe, con un ritual militarista que es extraño en un día que, supuestamente, celebra la pluralidad política y cultural.

Se trata de un despliegue de una fuerza militar que recuerda una exaltación bélica innecesaria y una reafirmación de la mirada colonial sobre América Latina, además de ser un gasto público completamente inútil (y casi secreto).

Cada año resurgen las críticas contra esta celebración, porque conmemora unos valores colonialistas que se centran en una conquista que, en realidad, fue un genocidio. Representa el inicio de un proceso de violenta imposición cultural, política y militar, que culminó en un genocidio brutal.

La conquista y ocupación supuso un expolio y saqueo sistemático de los recursos que, junto a la imposición de un sistema de dominación y esclavitud, llevó a que los pueblos originarios quedasen absolutamente devastados.

Desde el franquismo, pasando por la Transición y la democracia, el Estado español hace un uso simbólico del 12O para justificar un pasado glorioso, pero se niega a reflexionar sobre los hechos de ese pasado y aceptar los delitos horribles que se cometieron.

Tal como está planteada esta festividad sirve solo para exacerbar los valores colonialistas y ultranacionalistas, y sigue perpetuando la visión del expolio de la América Latina.

El papel que el Estado español se otorga a sí mismo, en este contexto, es el de la voz de Hispanoamérica en Europa, el «defensor» de sus intereses, además de poder influir en su política y economía. Pero no sucede lo mismo al contrario: cuando un dirigente de esas naciones hace una declaración contraria a la «mitología» ortodoxa impuesta, siempre se le ridiculiza, minimiza y desprecia.

También se celebra el «descubrimiento» de América desde una mirada colonial, con un expolio que, a pesar del tiempo transcurrido, aún no ha acabado, viendo el papel y la influencia del IBEX35 en el desarrollo de esas naciones: podemos ver a embajadores españoles haciendo de intermediarios comisionistas de las empresas españolas (igual que cierto «emérito» en Arabia Saudí).

De este modo, se normaliza el colonialismo económico y la imagen del mismo en la sociedad y la política española.

Lo que hubo fueron luchas terribles en las que las culturas autóctonas acabaron devastadas y sus portadores sometidos o aniquilados, como ocurre siempre en las guerras de conquista. Augusto Roa Bastos.

Los indios no eran esclavos, sino «súbditos» que debían ser «instruidos en la fe católica (…) para que transmitan dicha fe a los demás«. En realidad, la conquista de América fue un proceso largo y doloroso de expolio y explotación de los indígenas. Por eso, debido a esa violencia, muchos países no lo conmemoran como tal:

  • En Venezuela y Nicaragua conmemoran el Día de la Resistencia Indígena, que recuerda a los caídos durante la «invasión«.
  • Cuba no lo celebra.
  • Chile y Perú lo denominan Día del Encuentro entre Dos Mundos.
  • Argentina lo considera Día del Respeto a la Diversidad Cultural Americana.
  • Uruguay, Día de las Américas.
  • Bolivia, Día de la Descolonización.
  • Estados Unidos lo celebra como el Día de Colón, especialmente entre la comunidad italo-americana, aunque también hay una corriente muy crítica en algunos estados, que celebran el Día de los Pueblos Indígenas.

Otro de los mitos del 12O señala que no hubo ese expolio de los pueblos indígenas, y que por eso se promulgaron las «Leyes de Indias«, que los defendían y prohibían el maltrato o esclavitud. Sin embargo, los defensores de ese nacionalismo ultra se olvidan que, en realidad, esas leyes eran un mero papel mojado, que no sirvieron para nada.

También se señala que los españoles «se fundieron» con las razas autóctonas, transmitiendo nuestra cultura y civilización a los habitantes de aquellas tierras. Visto el resultado, parece que lo que se aplicó fue la norma de «la letra, con sangre entra«.

En realidad, las instituciones indígenas (fuese cual fuese su nivel de desarrollo) fueron subyugadas, sus culturas aniquiladas, y a toda su diversidad se le asignó una única etiqueta, desde el punto de vista colonialista: el indio, con una enorme carga peyorativa, una abstracción creada por el ocupante. No fue una gesta heroica, ni una cruzada cristiana, sino una guerra de conquista y expolio.

Se trata de una festividad muy asociada con el franquismo y el ultranacionalismo españolista. Franco no dudaba en emplear la celebración y su parafernalia como arma política contra los vencidos de la Guerra Civil.

Y el ultranacionalismo sigue utilizándolo como una forma de exaltación de un pasado imperial que no asume que desapareció hace siglos.

La celebración del Día de la Raza, el Día de la Hispanidad, etc., también está muy asociada a instituciones que representan ese rancio ultranacionalismo, como la monarquía, el ejército o la iglesia católica, todas ellas ancladas en unas tradiciones arcaicas y explotadoras.

Masacramos y sometimos a un continente y sus culturas en nombre de Dios. Nada que celebrar. José M. González, Kichi.

Aún nos falta reflexionar y reconocer las consecuencias que, incluso en la actualidad, tuvo el expolio de los pueblos indígenas por parte de la metrópoli. Fue una invasión brutal que produjo un choque cultural y social de dimensiones cataclísmicas para los conquistados.

En la actualidad, el 12O enaltece un discurso histórico basado en la cultura del odio, un relato impregnado de un racismo y xenofobia rabioso, que es utilizado, por parte de grupos fascistas y ultranacionalistas para celebrar manifestaciones de enaltecimiento de esa ideología racista, donde se permite el uso de mensajes y discursos de odio.

Basta con mirar las proclamas de Vox para este día, para ver esa actitud.

Los descendientes de los «indios» no necesitan sacerdotes o iglesias, sino justicia, reconocimiento y reparación de sus derechos.

Si se quiere seguir considerando el 12O como una festividad, hay que tratar de reformular el concepto de la celebración para tratar de integrar mejor a todos los sectores sociales vinculados, de una forma o de otra.

Tal como está formulada actualmente, el 12O no se entiende como un motivo de celebración, sino una conquista que llevó a uno de los mayores genocidios de la historia, con un desfile militar que solo refleja una imagen de prepotencia y dominación.

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