No es Pablo Iglesias, es Unidas Podemos la que debe cambiar

Unidas Podemos debe entrar en un profundo proceso de reflexión interna, para dar respuesta a su razón política de ser.

En primer lugar, para que quien escribe este artículo no condicione su contenido: no soy votante de Unidas Podemos, no tengo interés electoral en UP más que en analizar su situación y su futuro, puesto que es una formación a la izquierda de este mundo, y con eso me basta para escribir sobre ella.

Cabe pensar en esta formación y en el papel que puede tener en la modernización de una democracia, la española, que ya tarda en avanzar, que se pierde en sí misma y en sus problemas internos, y lo hace a porrazos.

En segundo lugar, valga por encima de todo mi solidaridad hacia la figura de Iglesias y también Montero, por todo lo que están aguantando personalmente por parte de una derecha conjurada contra ellos y sus familiares.

Es una vergüenza esta campaña contra ambos políticos. Una vergüenza para la democracia y un escándalo lleno de engaños y corrupciones de magistrados, políticos y brokers dispuestos a pagar un alto precio si de lo que se trata es de atacar “al coletas”.

Su caso lo vivimos con mucha empatía en Catalunya por que aquí los contamos también por decenas y decenas los que han sufrido la represión de una parte del estado parapolicial.

Dicho esto, el adiós de Iglesias relaja la presión que sufre un partido como UP, empequeñecido por todo lo que ha hecho mal estratégicamente, y por la dependencia casi narcótica para con su líder.

Iglesias es un actor político muy interesante, que ha sabido construir un relato de España diferente, que argumenta bien sus propias teorías sin necesidad de consultar el manual.

Pero su carácter “intenso” y “cabezota”, junto con su necesidad de normalizar su figura y la de su partido en el tablero político español, ha provocado todo lo contrario: una centrifugación interna y el abandono de su carrera política de primera línea.

Vale la pena pensar en una nueva UP. En una conversación, siempre amena y agradable, con el director de elestado.net (Gonzalo Sánchez) compartimos opiniones parecidas sobre aquello que debe reconstruirse en UP.

Ruptura y volver a las calles fueron dos palabras importantes en esta conversación, pero hay más. Mucho más es lo que se debe reconstruir y lo que es la clave: analizar.

¿UP, en el estado que vive esta democracia, es más útil fuera o dentro de las instituciones? ¿UP está en un momento de transición, o debe continuar con ese modelo de acción política? ¿Se debe forjar un nuevo liderazgo, o forjar diversos? ¿Fue acertada su estrategia de confrontar los poderes de los de arriba, con la pobreza de recursos de los de abajo?

Expongo aquí varios de los elementos que seguro van a salir, si no han salido ya, en los espacios de debate de esta formación. Es más importante de lo que parece a primera vista la marcha de Iglesias, no por el hecho en sí, sino porque con su marcha se abren nuevas perspectivas políticas para la coalición violeta y roja.

Sería un error pensar en una reunificación del antiguo espacio político de Unidas Podemos si primero no se modifica tanto el modelo como la estrategia política de la coalición. Es más, espacios como Compromís, Más Madrid y los anticapitalistas andaluces no están consolidados, aunque ya han fijado su modelo identitario político que quieren ofrecer a sus electores.

Por mucho que estas nuevas formaciones formaran parte en algún momento de lo vivido conjuntamente en Podemos, ya no volverán a ese pasado si no cambian sus máximos dirigentes y fundadores.

Quién en UP quiera especular, ni que sea vagamente con esa falsa posible unidad, va a hacer un flaco favor a su formación, pues demostraría de nuevo debilidad hacia los suyos y hacia quien les votaron en un pasado.

Es más fácil pensar en cómo recuperar valores perdidos de lo que fue el 15-M: pluralidad, comunicación transformadora; movilización como instrumento y no como argumento.

Pensar en llenar de nuevo las calles tal y como “está el patio” es ilusorio y poco práctico. La irrupción del 15-M provocó la emergencia de elementos afines a este movimiento que mantienen el espíritu de ese momento, pero no entiendo aún cómo las formaciones políticas actuales pueden movilizar la sociedad civil sin pensar en la complejidad que supone la movilización política. El mundo ha cambiado.

Se debe entender que para encabezar un nuevo ciclo de movilizaciones se necesita generar condiciones políticas que UP ha abandonado, o que ha pasado a ser un actor menos que secundario. Primero, cabe pensar en la estrategia, luego pensar en el mensaje, ¡y oh sí! Novedad, toca organizarse. O sea, volver a las viejas andadas…

La estrategia de confiar en profundizar en la modernización de la democracia como un fin ha quedado obsoleta, puesto que el sistema democrático local es actualmente un conglomerado de actores políticos y de intereses que poco tienen que ver con la democracia. En ese “mejunje” también se debe incluir una parte muy importante del socialismo.

El acto político más profundo que puede realizar la izquierda actualmente es señalar dónde y cómo falla el sistema democrático. No se reúnen más condiciones, no hay mayorías políticas para dar un paso seguro.

Es necesario pensar en construir un nuevo relato que incluya causas, no sólo reivindicaciones sobre la deriva de la democracia española, que reflexione en cómo abordar sus consecuencias en términos políticos, y también en su repercusión en las clases sociales populares.

Los liderazgos en UP, como en cualquier formación política moderna y democrática deben abordar su pluralidad y su descentralización. Ha sido un error el cómo esta formación ha generado cuadros políticos sin tener más que una escasa repercusión mediática, y una aún más escasa base política para motivar “a los suyos”. Los liderazgos se construyen con una buena capacidad comunicativa, pero también con una estrategia política interna.

Y hablando de comunicación, ha quedado meridianamente claro que darlo todo por comunicar dónde sea y cuando sea, ha servido sólo para debilitar una formación que justo nació porque creó una cierta capacidad de comunicar diferente.

Lo que sería verdaderamente rupturista es crear condiciones para conjugar comunicación con dinámica política, sin que la comunicación mediática no lo amarre todo con mensajes a menudo irreales y poco significados con lo que era el movimiento 15-M.

Por último. La militancia podemita, la de IU y la de sus ya pocas confluencias debería preguntarse la razón útil de la existencia de UP. ¿Para qué sirve UP a sus electores y al sistema político?

Bueno, la primera respuesta, con ironía, sería responder que UP es como el muñequito del vudú para muchos de sus contrarios. La derecha y parte de la izquierda socialista han encontrado en UP su contrario perfecto para dinamizarse a costa de ellos.

Pero UP puede ser más. Es una herramienta que bien cohesionada, sin grandes liderazgos que tensen su vida interior, puede ser muy dinámica, dual en su acción política: acción institucional y movilización constante.

UP tiene aún la capacidad de regenerar una idea del Estado español descentralizada, cercana a sus realidades territoriales. Y lo más importante, podrían generar una nueva dinámica si entienden que para crear nuevas condiciones de carácter democrático van a tener que pensarse lo de homologarse al poder político sin más, pues ni son una mayoría ni se debe correr más de la cuenta, puesto que el camino es largo y tortuoso.

UP debe escoger entre ser un partido “catch all”, o un partido palanca capaz de hegemonizar ideas y no sólo actores políticos. Como diría Julio Anguita: “formación, formación y formación. Programa, programa y programa“.

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